La madre

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>Fotografía: Abril Ena >Título: La tierra es nuestro hogar.

La tierra no tiene dueño, “cuando el dinosaurio despertó,

todavía estaba ahí”. Según el Popol Vuh al menos las aguas

ya estaban ahí y los dioses hicieron surgir la tierra; en la Biblia

Dios crea primero los cielos y la tierra, luego crea al hombre y

a la mujer y les entrega todo para su dominio.

Sometida a una explotación brutal, la tierra nos

sobrevivirá, sin duda; sigue siendo la madre generosa que

nos da sustento.

Salvo la visión moderna de Europa, los demás continentes

tienen culturas que conviven con la tierra. De las comunidades

indígenas de todo el mundo se retoman principios, ideales y

tecnologías para la preservación de la naturaleza.

No somos dueños de la tierra: “No heredamos la tierra

de nuestros padres, la tomamos prestada de nuestros hijos”.

En la antigüedad latina había que encomendarse a

Tellus Mater durante los terremotos. La tierra tiembla y somos

conscientes de nuestra fragilidad, la tierra se seca y sufrimos,

la tierra se contamina y morimos.

“Polvo eres y en polvo te convertirás”, somos tierra, así

como la tierra es ese polvo estelar donde ponemos nuestros pies.

Hijos del páramo, la tierra es la única casa que tenemos,

aunque hay quienes buscan irse a la casa del vecino, la tierra

noble y fecunda seguirá siendo nuestra madre.