Las lecciones que no traen con ellas algo de dolor no valen la pena|Crítica Fullmetal Alchemist live action

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La ley de intercambio equivalente mantiene al mundo de Amestris en equilibrio. El precio que se paga debe ser acorde con lo que se recibe, no más, no menos. Pero hay precios demasiado altos para ser pagados por un ser humano, sobre todo si se trata de niños. Edward y Alphonse son dos hermanos que pierden a su madre a temprana edad e intentan regresarla de la muerte con alquimia, una protociencia que se basa en la transmutación de la materia. Sin embargo, fallan porque la vida es una de esas cosas inconmensurables cuyo valor excede las limitaciones de los hombres. Como resultado, Edward pierde brazo y pierna y el alma de Alphonse queda atrapada en un armadura vacía, incapaz de sentir sueño o hambre, pero tampoco calidez. Así comienza la búsqueda de los hermanos Elric por recuperar las partes que han perdido.

Imagen tomada sin fines de lucro

Esta es la premisa con la que arranca Fullmetal Alchemist, adaptación live action del manga homónimo escrito por Hiromu Arakawa -una obra de culto, a decir verdad- y que ya se puede disfrutar a través de Netflix.

Para entender mejor esta producción hay que advertir que se trata de una película de manufactura nipona con un tono un tanto ridículo -casi atendiendo a los clichés que el común denominador tiene sobre el cine asiático como las expresiones exageradas, los diálogos internos interminables y las coreografías de pelea que casi dejan ver los cables que sostienen a los protagonistas-, por lo que tanto las actuaciones como algunos gestos pueden resultar chirriantes, más cercanos a lo que se esperaría de un dibujo en 2D que de un señor o señorita de carne y hueso y varios años encima.

Y es que este es uno de los grandes problemas de la película: no renuncia nunca a las fórmulas narrativas del anime en el que está basada pero tampoco tiene la capacidad técnica para sostenerlas. Los efectos especiales, aunque sobresalientes comparados con otras películas japonesas, se ven baratos equiparándolos con los estándares internacionales por lo que una secuencia de batalla con poderes que en el animé era sensacional, aquí resulta más bien patética y te obliga a voltear la mirada antes de perder toda simpatía por los personajes y sus conflictos. Este abaratamiento de los costos también se advierte en el diseño de maquillaje, con pelucas poco cuidadas y barbas postizas que tratan de occidentalizar a los actores.

Como paréntesis, decir que la obra original sí requería en cierta medida de autores que cumplieran con distinciones étnicas pues los conflictos raciales en ese mundo son uno de los puntos más álgidos de la trama.

El tratamiento de la trama.

En líneas generales, Fullmetal Alchemist original es una obra que está llena de significaciones. Nos cuestiona sobre hasta qué punto es tolerable que la ciencia pase por encima de los propios seres humanos en favor de adelantos para la sociedad, pero también nos habla de la imposibilidad de recuperar lo que en el pasado se ha perdido y de la pesada carga autoimpuesto que supone intentar seguir adelante sin renunciar a las culpas (no es gratuito que Edward sea un personaje de estatura baja y que solo de el estirón hasta el final de la obra, cuando esa carga sobre sus hombros desaparece, obviando por supuesto el peso de sus implantes mecánicos).

En los primeros minutos del metraje parecen dar atisbos de entender estos conceptos, pero conforme la trama se desarrolla nos damos cuenta de que simplemente está imitando la forma sin comprender el contenido en un intento de comprimir la mayor cantidad de arcos en dos horas. Se deja de lado el rico conflicto político del país o las guerras civiles.

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Y ya para los últimos 40 minutos las líneas argumentales se van completamente al carajo. Las situaciones carecen de toda lógica (los buenos destruyendo a punta de metralla y en una secuencia a un ejército supuestamente poderoso para cuya construcción se habían sacrificados miles de vida y urgido cientos de planes maléficos), los personajes con motivaciones tan aniñadas como dominar al mundo (sí, hablamos del añadido para esta película que no aparece en la obra original), lo mismo que sus acciones carecen de consistencia (Lujuria dejando vivir a Edward en más de una ocasión porque según decía lo necesitaba para otro tipo de planes y luego, sin más ni más, decidida a matarlo, porque sí, porque era más dramático para la trama), además de que los planes de los antagonistas son incomprensibles, especialmente para los que no hayan visto jamás Fullmetal Alchemist anime o manga.

Y así un montón de errores más que hacen de esta puesta en escena sea algo más dirigida a aquellos fans que quieran ver a cosplayers profesionales y menos al sector duro de seguidores de la obra original o al público en general.Si tuviera que elegir algo bueno, sería el sentimiento que intenta transmitir a los que fantaseabamos con ver a Edward y compañía de carne y hueso, justo como si hubieran saltado de las viñetas a la vida real. Eso y que las caracterizaciones físicas de los homúnculos están en su mayoría bien logradas.

imagen tomada sin fines de lucro

En resumen, es otra película que se une a la lista de fracasos al intentar adaptar mangas a la pantalla grande.