En el día de los agrónomos y agrónomas, celebremos la historia de Chapingo

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Acta de inauguración de la Escuela Nacional de Agricultura.

Hoy día veinte de noviembre de mil novecientos veintitrés se inauguró en esta hacienda de Chapingo la nueva Escuela Nacional de Agricultura, reformada en sus métodos, finalidades y aspiraciones conforme a la idea fundamental que animó desde hace diez años a la clase laborante mexicana, para lanzarse a una lucha revolucionaria, contra el estado de cosas que en materia social y económica ha prevalecido en este país desde los días de la conquista.

Un grupo de individuos de buena voluntad, convencidos del inmenso anhelo de justicia y de verdad que mueve el alma del proletariado mexicano, meditó, proyectó, y llevó a la realidad las reformas los métodos y propósitos que informan el ambiente espiritual, las tendencias morales y las practicas que desde el día de hoy constituyen la vida de esta escuela. Se ha querido construir aquí un núcleo de gente que cree en el trabajo, considerándolo como el instrumento sagrado y único de la cooperación humana. De aquí saldrán, si la miseria y el atraso moral de los elementos antagónicos a nuestras ideas no lo estorban, hombres libres, sanos, hijos de la tierra a la que deban todo y para la que tengan una severa y callada devoción, como la que merecen todas las cosas grandes.

Esta Escuela Nacional de Agricultura tiene como ideal íntimo de esfuerzo un punto de mira más modesto, pero más sincero que todas las proposiciones esquemáticas del capitalismo agrícola de la edad en la que vivimos, gracias a las cuales existen millones de seres esclavizados a la faena productora, mientras otros millones se dedican a inflar el costo de la vida, para final beneficio de un reducido grupo de privilegiados, que aprovecha en beneficio propio bienestar y ganancias.

Esta escuela no tiene su espíritu orientado hacia ambiciones de lucro ni hacia dogmas económicos sellados como hacinamientos de cráneos y miradas de ruinas en el triste colapso europeo de 1914. Esta escuela preconiza un ideal humano de sencilla cooperación y de reposado compañerismo entre los hombres que labran la tierra sin que trate de empujarlos hacia la pendiente de la grande explotación agrícola, que necesita, para florecer y prosperar, del padecimiento de enormes multitudes de asalariados sin esperanza.

Aquí pretendemos que el pequeño agricultor sea arbitro de sí mismo, amigo de su comarca, apoyo y base de la ciudadanía campesina; por eso titulamos de modesto el programa educativo de esta escuela, en su aspecto económico pues marchando así, con el íntimo anhelo de ser guiados por nuestra verdad social, iremos muy lejos sabiendo preparar el camino a las generaciones futuras.

La tierra no tiene dueños. Es la madre cariñosa y fecunda de todo aquel que interpreta con humildad y con lealtad la misión del ser humano. Preconizamos una filosofía de devoción al esfuerzo sin egoísmo, sin esclavitud y sin privilegio. Creemos que la forma suprema de ser libre se encuentra en lograr que las organizaciones agrícolas se dediquen a producir para bien común y no para lograr las concupiscencias de los amos. Si resultare que no somos los llamados al cumplimiento de una obra tan enorme como la que dejamos esbozada, que otros más fuertes y mejor capacitados que nosotros recojan nuestra bandera de campaña, simbolizada en la presente idea fundamental.

“ENSEÑAR LA EXPLOTACIÓN DE LA TIERRA, NO LA DEL HOMBRE”