Tierra para descansar

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La Reina Blanca era una coneja adoptada, llegó a casa siendo adulta, sin costumbre de ver humanos pero si de tener mucha tierra para andar ‘como juan por su casa’. Kuni la volvió dócil y aceleró el proceso de adaptación a mi presencia, en unos días ella se dejaba acariciar y en poco tiempo se volvió parte de las mascotas del jardín.

Fueron algunos largos años de verla cada día, hasta que ocupó un lugar entre los animales más viejitos de la casa, así hasta que una noche la vi muy quieta, muy triste, como si ya no le quedaran fuerzas para nada, y así era. La metí a la casa para que no tuviera tanto frío, pasaron horas y no terminaba de irse.

Parece cuento, pero funciona. Me dijeron ‘si no te despides de ella no se va a poder morir’. Entonces comencé a platicarle lo feliz que fui con ella, lo mucho que disfruté cuando tomábamos el sol tiradas en el pasto mientras le acariciaba las orejas, lo mucho que me gustaba arrullar a todos sus hijitos en mis manos, le dije que podía irse en paz… Justo en ese momento, tomó su último suspiro, dio un pequeño chillido y se fue. Para siempre ese será su terrón de tierra para descansar.