Por Azares…

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Indra Garduño Reynoso1

Toda la historia de la vida de un hombre está en su actitud.”
Julio Torri

Por azares del destino llega a mis manos La Visión de los Vencidos de Miguel León-Portilla que desde hacía tiempo me habían recomendado y sin embargo no había tenido la oportunidad de conseguir. Es temprano y leo la introducción; me transporto a los tiempos de La Conquista. Justo ahora, después de un día agotador planificando el viaje, empacar las cosas del campamento, cenar cómodamente, limpiar nuestros estómagos con búlgaros con papaya y tocar canciones con la jarana, me puedo recostar a leer para conciliar el sueño. Mañana partimos a la Sierra Madre Oriental en el estado de Veracruz, a uno de esos lugares perdidos en la niebla, entre bosques llenos de maleza, gotas cristalinas que pellizcan la cara, calor húmedo, chubascos, ríos y un verdor interminable; uno de esos parajes en donde quisiera vivir para siempre.

Partimos de madrugada y corriendo para alcanzar el transporte que sale de la ciudad de Texcoco, junto con el equipo de Logística del Colegio de Posgraduados, media hora tarde de la hora fijada pero sin contratiempos en la carretera y con una sola escala; se sienten los cambios de clima, se ven platanares y cafetales, hemos llegado a Veracruz.

Amo Choca Man”

En la zona de las Grandes Montañas a 1360 metros del nivel del mar está ubicado el municipio de Chocamán muy cerca de Coscomatepec, una de las entradas más importantes al Pico de Orizaba; se respira un viento húmedo y los bosques son brumosos y verdes, hay cuevas y vestigios prehispánicos; estamos en un bosque prehistórico. Pero, ¿qué tiene que ver Chocamán con Texcoco?, ¿qué influencia tiene el señorío del Rey Poeta con el del Rey Man?, ¿qué contacto tenían estos dos pueblos tan lejanos?.

Cuentan que el Rey Man se retiró al cerro Tlanchinotepetl a llorar por su pueblo al verlo en llamas durante la conquista, “amo choca Man” cantaban sus súbditos: “No llores Man” es su traducción. Un relato similar a los que encontrarás en La visión de los vencidos, un probable presagio funesto; tal vez la visión impresionante y trágica de los antiguos habitantes y como los hombres extraños destruyeron sus viviendas.

En charlas anteriores con Antonio amigo mío, músico y gestor cultural, me cuenta un poco de su historia y de sus gentes; los pocos descendientes del Rey Man aún habitan Chocamán hasta nuestros días, en cambio los habitantes de Tepexilotla (lugar donde nos asentaremos) al parecer son nómadas llegados de Puebla. Le pregunto si hay nahua-hablantes, él lo niega. El viaje ha sido arduo y cuando miro por la ventana ya vamos dejando atrás el municipio de Chocamán; es hora pues de tomar el sendero pedregoso de curvas inclinadas y árboles con neblina que nos llevará a Tepexilotla. Héctor Vázquez, miembro del equipo y conductor de la camioneta, nos lleva sanos y salvos a nuestro destino con su siempre enérgica alegría que contagia.

Llegando a Tepexilotla

Bajamos y lo primero que veo son las escasas viviendas y la hermosa escuela primaria; siempre me han causado sentimientos encontrados las escuelas rurales, pareciera que la conducta humana como la virtud y la verdad no se enseñan teóricamente, sino por el uso personal de la libertad, y en Tepexilotla se puede obrar por cualquier medio para conseguir ser libre.

Con cálidas bienvenidas de los habitantes que en un principio me tratan con desinterés pero con mucho respeto, me hacen notar al instante que son personas que no reaccionan a los rodeos ni a las palabras rebuscadas; diles lo que quieres y eso tendrás. El calor es soportable, estamos rodeados de cerros y de bosque, se siente el aroma de la leña quemada.

Me recibe la Dra. Silvia Pimentel Coordinadora General del Festival Ecocultural Tepexilotla 2017 “El Arte a favor de la Naturaleza”, que esta vez celebra su tercera emisión. En mi infancia jugaba con un niño rubio de ojos verdes en el barrio Valle de Sta. Cruz en Texcoco, este niño de nombre Víctor Hugo (alias Victoguro, llamado así por Carlitos un vecino nuestro) es hijo suyo. Me pregunta cómo me encuentro, le sorprende mi visita a un lugar tan recóndito y me pregunta por mis padres y mis proyectos; le pregunto por Víctor y me responde que se encuentra en Cuba estudiando Danza Contemporánea. También me recibe Edgar Ramírez del equipo del Colegio y compañero mío tecladista en el proyecto Fortea. Del resto del equipo no tengo señales pues sólo hemos compartido pocas palabras y no parecemos estar interesados uno en el otro.

Nos sentamos y nos atienden amablemente dejando tortillas hechas a mano en el centro de la mesa y sirviéndonos por igual huevo con ejote, café (al que tengo por costumbre ponerle leche) y galletas. Todo sabe a rancho, ¡Todo lo cultivan aquí!

El día corre tranquilo su curso, los niños salen de la escuela y caminan a sus casas por entre los senderos, algunos cruzan el río y otros suben por la entrada del poblado. Una niña en particular llama mi atención pues se queda observando fijamente mis tatuajes, me hojea a detalle y decido ignorarla para poner atención a la plática; no pasan ni diez segundos cuando la veo muy lejos, ha cruzado el río con su mochila verde y su falda de cuadros. Está subiendo por un camino inclinado y casi no logro verla; me recuerda a los caracoles: dejas de prestarles atención y a pesar de que caminen muy lento desaparecen de nuestra vista a la menor distracción; la relatividad del tiempo, aquí no pasa el tiempo, aquí se maneja otro ritmo, aquí siempre es temprano. Me dispongo a equipar el campamento.

El río Metlac

A escasos metros de mi tienda está el río Metlac y con este calor tengo antojo de mojar mis pies y ver el agua más de cerca. Hacía años no veía agua limpia correr naturalmente, está tan limpia que puede albergar la vida; sumerjo mis piernas en el agua tibia, mojo mis manos y mi cabeza; el calor desaparece. Algunos renacuajos huyen de mis pasos, me atrevo a tomar uno que ya tiene las patas traseras, me habría encantado verlos convertidos en ranas. Hay mosquitos que se reúnen en las raíces de los árboles, arañas muy extrañas que flotan en la membrana del agua, piedras grandes y lisas, porosas y pequeñas; hay helechos gigantes, restos vegetales prehistóricos prueba de que la Madre Tierra conserva lo más apto de sus creaciones.

Entablo conversación con la Lic. Yuremi Ramírez, representante del proyecto “La Nave en el Camino” quien está colaborando con el Proyecto de Ciclismo promovido por el Colegio de Postgraduados campus Montecillo. Es muy conocida por los niños del pueblo por su forma de ser y lo divertida que se puede volver una tarde de bicicletas en los caminos rocosos de la comunidad. Caminamos en silencio por un sendero entre cerros tapizados de helechos y árboles de un color peculiar que pareciera tuvieran vitiligo; cruzamos el puente y damos la vuelta al perímetro donde de bajada se ve el preescolar con sus pequeñas butacas, un pequeño huerto y una palapa para tomar el almuerzo. Frente a mí hay un árbol con muchas hojas y muy alto que presume unas flores hermosas; días después, en una charla, don Andrés me dice que es una orquídea de más de quinientos años de antigüedad. Por cierto, no recuerdo dónde dejé la cobija que me prestó.

Ha sido un día pesado para el grupo de Logística del Colegio, durante el día la Dra. Silvia y Nelly Ramírez, mano derecha de la organización del Festival y asistente de investigación, en comisión bajan a Chocamán para hablar con el Presidente Municipal del cual he oído hablar muy poco, es más, a la fecha desconozco su nombre o a qué partido político pertenece. Al parecer había prometido el audio y la iluminación del festival días antes, acuerdo que no se había cumplido el día establecido por el convenio; se nos llama a una junta por la noche que regresan y se asignan los horarios y las tareas que tiene cada uno para cada actividad; a mí me tocó ser juez en el Concurso de Gastronomía, tarea que no me desagrada para nada. Las luciérnagas adornan la noche.

Jueves 4 de mayo: la Inauguración

Con cuetes, bicicletas, las tres reinas del festival y recibiendo la caravana en la entrada del pueblo la Orquesta del Telebachillerato da inicio el primer día de actividades. Los pequeños a cargo del Maestro de música, Apolinar Vázquez, le siguen muy cerca con vihuelas, violines, flautas y guitarrón en mano y se acomodan detrás del escenario para su presentación, su nombre “Sonidos de la Niebla”: una banda de niños y niñas que interpreta canciones muy diferentes entre sí nos deleita con el Himno a la Alegría y Moliendo Café; los niños de la flauta no rebasan los siete años. Yuremi guía a los ciclistas y a los niños por los senderos para una rodada colectiva, el motivo: Por un Pueblo Bicicletero, la principal premisa de este proyecto que busca compartir y rememorar vivencias en bicicleta apoyando al patrimonio ecológico y gestionando su relación con el entorno, pues es el entorno y los paisajes lo que hacen del ciclismo una actividad tan libre y única. Se avecina la lluvia.

Por la noche damos un concierto de Son Jarocho que salió relativamente bien a pesar de haber ensayado dos horas antes; el calor provocado por la música y el licor de café me acerca más al resto del equipo, es jueves y organizamos una fogata. Alrededor de ella está Beto, un joven de la comunidad que se vuelve amigo mío (allá nos decimos compadres), Rubén y Cecilia Larragoiti ciclista de montaña a nivel internacional y ponente en materia del ciclismo y sus beneficios; tres estudiantes de ingeniería de Chapingo; Laura y Daniela estudiantes en servicio de Ciencias de la Comunicación de upem en Chiautla; Francisco Díaz estudiante de la fes Aragón; Antonio y Edgar, Yuremi y Héctor que no podían faltar y Alejandra una estudiante de la Universidad de Córdoba. Pasamos un buen rato de cervezas, risas y buena música, el cerro Tlanchinotepetl frente a nosotros. Cae una ligera llovizna, no importa, se ven de nuevo luciérnagas en los árboles.

Rubén que entre charla y charla comparte la ubicación de su negocio de pizzas caseras y presume de ser un buen bajista, saca de su chamarra vasos de gelatina y nos invita a probar el licor de ajenjo de la comunidad; quedamos pocos en la fogata y el sabor embriagante y fuerte de la bebida nos atonta, no importa, donde hay fogata hay amigos. Finalmente arrojo al fuego mi último trago ¡No puedo más!, este licor es tan fuerte que al tocar el fuego lo aviva.

Viernes 5 de mayo: las ponencias

Se me hizo costumbre desayunar con doña Conchita esposa de don Pedro, uno de los fundadores del grupo de desarrollo rural y agroecoturismo en Tepexilotla “Las Cuevas del Rey Man”: que preserva el acervo ecológico y crea conciencia. La susodicha doña Conchita tiene un sazón especial y no se le va una, por ejemplo: una taza de café cuesta cinco pesos, con leche cuesta siete pesos. Con los estragos del licor de ajenjo aún en mi organismo decido pedir caldo de gallina de rancho con arroz, me cae de maravilla, y no contento con eso voy a la cabaña de Vicky, que por cierto está a punto de tener a su primer hijo, y por lo que sé, ganó el concurso gastronómico del año antepasado. Me siento al lado de un comal, me atiende y me explica lo que son las picaditas: son unas gorditas de frijol, papa o picadillo con queso y crema, la salsa a elegir es verde o roja y ninguna es mejor que la otra, pues las dos son hechas a mano y en molcajete. Me como cinco y las bajo con té de sidra, planta que también se cultiva en los patios, me explican que es la hoja la que se hierve para que el agua agarre sabor.

Me siento junto a Beto y también se acerca el esposo de Vicky, que es militar y me cuenta sus “travesuras” en el ejército, también me muestra fotos de su unidad y de él con armas de alto calibre. Tiene una familia que mantener y es el único trabajo que sabe hacer; no lo juzgo, tenemos mucho en común, nos gusta viajar y hemos estado en los mismos lugares, tal vez en diferentes situaciones pero a fin de cuentas es un ermitaño al que le encanta ir a los pulques de Ixtapaluca y darse la vuelta por Ameca; conoce bien los alrededores de Texcoco por lo que sé.

La primer ponencia que llama mi atención es la de la Dra. María de los Ángeles Velázquez Hernández, habla sobre la importancia de las plantas herbáceas con potencial medicinal, alimenticio y ornamental; habla de varias plantas resaltando siempre el conocimiento ancestral de la medicina prehispánica y los conocimientos que dejaron para nosotros. Habla de las plantas que son energéticas para realizar actividades día con día y también se refiere a la energía del alma y el espíritu. En las culturas mesoamericanas existe esta dualidad entre el cuerpo y el espíritu como lo es la división del Tonal y el Nahual; habla de las enfermedades místicas que conocemos comúnmente como pueden ser estar embrujado, que no es más que un desequilibrio energético, el espanto, hacer limpias etcétera. Su propuesta de proyecto a largo plazo consiste en crear un Jardín Botánico Sustentable que albergue todo este tipo de plantas para su uso. Culmina recomendándonos su libro: “Las flores que embellecen el jardín del rey Netzahualcóyotl” y una vez más encuentro que muchas de las plantas que utilizaba el Rey Poeta las hay en Tepexilotla, no me queda duda de que algunas de ellas posiblemente le hayan sido traídas desde Texcoco al Rey Man o viceversa.

Comienza a llover y pido un café de siete pesos (o sea con dos pesos de leche) y regreso a seguir escuchando las ponencias, esta vez toca el turno de la Bióloga Brenda Karina Guevara Olivar: “El arte y los patrones de la naturaleza”. Para los que desconocen la matemática del arte explico: el modelo matemático de Fibonacci creado en el siglo xii consiste en un valor constante, se le llamó el número de la perfección o el número áureo. Es un modelo matemático de frecuencia en donde todos los números naturales se van sumando con el anterior, ejemplo: (0+1=1), (1+1=2), el anterior de 2 es 1 así que (2+1=3), (3+2=5) etcétera. En pocas palabras, esta sucesión de números se ve en las medidas de los helechos, en las hojas, en las flores, en los troncos y nos muestran que los diseños de la naturaleza son geométrica y matemáticamente perfectos. Aún no termino mi café y Alejandra me comparte de sus galletas; la lluvia cae y el viento frío y húmedo entra por mi nariz; los niños de Sonidos de Niebla han comenzado a tocar y, bien abrigado, viéndolos se vuelve una tarde maravillosa, me desconecto un rato del mundo, no pienso en nada ni en nadie.

Culminando el maestro Apolinar que no recibe un sueldo y enseña música en la comunidad sólo por gusto, me deja mucho que aprender de él y la educación musical, ya que si los significados de las cosas son abstracciones de la realidad, el arte es una realidad de abstracciones. En sus palabras “todo está vivo” entiendo por fin el significado de servir sin pedir.

Al terminar las ponencias, y aún con lluvia cayendo, llega el grupo de Son Jarocho Colibrí y en seguida comienza a tocar; el sonido de las jaranas atrae a muchos niños a su alrededor; están listos para subir al escenario. La desvelada de la noche anterior me impide seguirles el paso, se escuchan canciones como El Siquisirí, El Pájaro Cú y La Morena para amenizar la lluvia en la cabaña de doña Marce y organizar el verdadero Fandango; hay niños que se unien tocando jaranas y personas riendo y bailando; me refugio en mi tienda y los escucho de lejos pues el sueño me mata y el goteo de la lluvia me adormece. Sueño con sus canciones.

De noche, cuando despierto el hambre me lleva directo con doña Concha: unos frijoles con arroz y tortillas me dan la entrada a un café con galletas; es hora de escribir lo que escucho a lo lejos, proveniente del proyector. Es la voz del arqueólogo Luis Morett que explica en significado de los petroglifos encontrados en la Piedra del Conejo; según Morett en sus palabras: “Estos símbolos o representaciones gráficas son marcadores solares o calendarios de cosecha; las sociedades agrícolas no utilizaban calendarios complejos si no calendarios sencillos pero funcionales”. Uno de los ejes Este – Oeste pasa exactamente frente al cerro Tlanchinotepetl, donde según parece hay adoratorios dedicados al dios Tláloc, el dios principal de los campesinos en una sociedad agraria. Los equinoccios y solsticios anuncian cambios en la lluvia e incluso en la temperatura; en nuestros días el cerro Tlanchinotepetl es el panteón de la comunidad y de nuevo cito a Morett: “Es un lugar sagrado, como lo fue seguramente también en el pasado”. Una vez más las investigaciones me hacen entrever por qu Texcoco y Tepexilotla tienen tantas similitudes a pesar de la lejanía de su ubicación, no es coincidencia que desde la punta del Monte Tlaloc, en el poblado de San Pablo Ixayoc, pueda verse el Pico de Orizaba y parte de la Sierra Negra de Veracruz, que por cierto también es algo inolvidable de ver; espero poder obtener más respuestas a las interrogantes que formulé en el principio.

Sábado 6 de mayo

Después de desayunar me dirijo a seguir escuchando las ponencias, esta vez toca el desarrollo del proyecto de la artista gráfica Gisela Berenice Zenteno Juárez que logra consolidar en una obra pictórica colectiva donde los niños expresan su percepción en un ambiente comunitario; el mural infantil “Los colores de Tepexilotla” es una forma de socializar un fin específico, capturando diferentes elementos del entorno como las truchas, los cerros, el cerro del panteón, el río Metlac, diferentes especies de árboles como la limonaria, el café, el alcatraz, etcétera. Si bien es cierto que el ambiente define la cultura, también al reconocerlo se adopta una identidad, cosa que el mural infantil logra plasmar a la perfección.

Verdaderamente necesito caminar un rato para despejarme, considero que una parte fundamental de este festival es dar una caminata río arriba y disfrutar del aire frío de la montaña. Subo a contra corriente por un sendero lleno de helechos y hojas y llego a la parte baja de una gran muralla de piedra; el río no está del todo lleno, han sido días secos y la falta de lluvia no me ha permitido ver el caudal con toda su fuerza; mis pasos entre las rocas me llevan a un lugar con arena debajo de una raíz gigantesca. En la arena se notan círculos que parecieran ser sólo coincidencia en un primer momento pero después de observarlos un rato se entiende su real propósito: un insecto cae en uno de estos hoyos de arena perfectamente circulares y queda atrapado, por más que intenta salir sucumbe al cansancio; son trampas de arena, diseñadas para que cualquier bicho que caiga en ella selle su destino y perezca; sale un gusano de la trampa y devora al insecto mientras se entierra con él.

Me sorprende ver mariposas de colores tan vivos, las hay en negro con violeta, naranja con blanco, azules con amarillo y un sinfín de combinaciones que en lo personal jamás habría imaginado por mi predilección por los colores opacos y ocres. Sigo mi camino y encuentro una enorme piedra justo en medio del río, hago lo que puedo para llegar a ella y recostarme, está nublado y no hace calor ni frío. El sonido del agua que corre me adormece y me aseguro de sujetar bien mis pertenencias al cinturón, entre ellas mi cámara, mi brújula, mi cuaderno y mi pluma y me quedo profundamente dormido no sé cuánto tiempo; una sutil llovizna me moja la cara y despierto; medito un rato y me doy cuenta de que estoy totalmente solo en esta inmensidad, sin pensamientos burdos y sin un peso en la bolsa. Hay que perderse para encontrarse. De regreso a la comunidad me siento muy tranquilo y sin ganas de escribir, decido dar la vuelta e ir a platicar por ahí, mi capacidad literaria necesita un descanso.

Sábado por la tarde

Se han entregado los premios del concurso de dibujo a los niños de la comunidad, el primer lugar llevó a casa una bicicleta nueva y los demás premios fueron repartidos entre el segundo y tercer lugar. La casa donde se hospedan las y los integrantes del equipo está cerca de la escuela primaria y es como la sala de operaciones de todo el evento; en verdad que en estos días he aprendido cosas de cada uno y me agradan mucho, pues todos tienen algo que compartir y algo que los hace únicos en lo que se desenvuelven; toca el turno de conocer a una chica discreta pero siempre alegre de nombre Yarumi, que en principio sólo me dirigía la palabra para lo necesario y posteriormente descubro que es diseñadora gráfica, que ha diseñado la decoración de su casa ella misma y que gusta de las cosas minimalistas tanto como yo, es una parte fundamental del equipo y creo que nos empezamos a llevar bien durante el transcurso del día; ¡que bueno!, odiaría no llevarme bien con alguno de ellos. Me he portado bien, debo jactarme de ello, no he roto nada ni he hecho comentarios fuera de contexto o bromas de mal gusto como suelo hacer, en verdad creo que me estoy portando de maravilla.

Llega mi tan esperado momento: el Concurso de Gastronomía y como buen juez, serio y responsable con la tarea que me asignaron, me pirtfo el desayuno y la hora de la comida sólo para calificar objetivamente el sabor de cada platillo; los presentes me dan palmadas y me llegan con el rumor de que este año hay siete concursantes, lo que quiere decir obviamente que tendré que degustar siete platillos típicos de Tepexilotla, esta vez me toca la mejor parte de la investigación: la investigación de campo. Se llama a las concursantes una por una y comienzan a servirnos el primer platillo: Trucha enchipotlada con tlanepa (hoja santa), que se da mucho en Tepexilotla y que despide un olor delicioso; le acompañan unos frijoles y arroz, el picor del chipotle es el ideal, las cebollas le dan sabor a la trucha y la hoja santa lo equilibra todo, exprimo un limón en la trucha y adivinen qué, el sabor fue mejor todavía, anoto a detalle los puntos que acordamos calificar; a la trucha le siguen tamales de elote que sirven para endulzar en mi boca lo salado del platillo, bebo café y sirven lo que sigue.

De verdad todos los platillos son deliciosos y algunos tienen presentaciones que los hacen llamar más la atención; pruebo el caldo de gallina de rancho, calabazas rellenas con queso, ixiotes con carne de puerco; que por cierto, primero se hierve la flor y se le agrega aparte la carne para que no suelte un sabor agrio al mezclarse me explican; un mole con nuez de macadamia, agua de moras, tepexilotes capeados (que es difícil ya encontrarlos en la vida silvestre) y otros platillos que de verdad jamás olvidaré por el buen rato que le hicieron pasar a mis sentidos. Por decisión unánime, la trucha quedó en primer lugar.

Terminando el concurso me preguntan si quiero asistir al ritual de Temazcal; accedo sin pensarlo. Muy bien comido y bebido y después de fumarme un cigarrillo, que a mi edad es más un gusto pasajero que un vicio, me cambio de ropa para entrar al inipi hecho con ramas y hojas, las piedras ya están calentándose en el fuego y me encuentro con la grata sorpresa de que fueron más asistentes de los que esperaba: estaban Daniela y su amiga Laura, Francisco, Yuremi, Gelis hija de doña Marce, hermana de Beto y Águila de Fuego de este círculo, y algunos otros que en el momento no conocía, pero que después serían clave para regresar a Texcoco con nuevos amigos y proyectos. Dentro del Temazcal nos contamos cosas que nos molestan y queremos dejar atrás, recuerdos que de algún modo nos han impedido ser plenos en nuestra vida; no ser tan duros con nosotros mismos y perdonarnos para seguir en el camino lo más centrados posible. Las palabras que compartimos se quedan en el círculo y los vínculos que creamos han quedado de cierto modo en un manojo de buenos recuerdos en la memoria; salimos del vapor caliente a mojar nuestros cuerpos con agua fría para llegar al tan mencionado equilibrio de la medicina tradicional y nos reunimos a tomar té alrededor de la fogata, casi no hablamos de lo sucedido dentro del inipi. Nos vestimos y dejamos de sentir frío; una hormiga me muerde y me dobla la pierna de dolor; afortunadamente no tenía veneno, es el sacrificio que me cobró la tierra por llevar mis pasos descalzos por la maleza; un aviso justo.

Nos reunimos en la cabaña y nos sentamos todos juntos para cenar consomé de pollo, tamales, agua de sidra y comenzamos a pedir algunas cervezas, ya más relajados y completamente secos conozco a Angélica Pérez y a Olin Vera, dos personas que al igual que mis compañeros de viaje hacen un esfuerzo por promover la cultura en Texcoco a pesar de las dificultades que puedan llegar a tener; pasamos un rato muy ameno y unas charlas muy constructivas entre risas y bromas. Es tarde y doña Marce nos comparte licor de moras, lo que nos manda a todos a dar las buenas noches e ir a dormir; cada quién sigue su camino, es mi última noche en Tepexilotla y me meto a mi tienda de campaña con esa idea, divago un rato en los recuerdos y todo lo que he aprendido en estos cinco días de Eco-Cultura, de amigos y risas, de comida, de licor de café y de moras y de ajenjo, de las luciérnagas, de las personas del poblado, de los niños y niñas corriendo por los vados, de los perros, de los insectos gigantes, del río, del cielo, de la lluvia, de la música, de los caballos, los puercos, las vacas, las nubes, la lluvia, el calor, los montes, las sierras, las piedras, las gallinas, el pequeño municipio abandonado, el mural, los ponentes, los frijoles, las moras, los floripondios y de lo que me depara el regreso a este mágico lugar escondido entre las nubes.

Despedirse…

Podrá haber viajeros que prefieran llegar a su hotel con alberca y sábanas limpias, a la comodidad de una regadera, a una cama, a una televisión por cable, internet, elevadores y personas a su servicio y está bien, no los juzgo; pero también existimos personas a las que no nos importa bañarnos con agua del río, o que disfrutamos de estar húmedos caminando por las montañas y sentir la lluvia y secar nuestras ropas al primer rayo del sol, porque sabemos dónde está el Este y disfrutamos de la línea de fuego que separa el cielo de la tierra cuando se va al Oeste; los solitarios sin rumbo que buscamos razones para seguir viviendo en carne y color lo que nuestros antepasados amaban: la vida. No buscamos razones para huir de los demás o ignorarlos, sino para recoger experiencias que podamos compartirles para que cualquier cosa que se pueda preservar se preserve; cualquier cosa que se pueda enseñar se enseñe y cualquiera que quiera experimentar la vida en lugares mágicos llegue a su destino y logre encontrarse. Estoy muy agradecido con los pobladores de Tepexilotla en el municipio de Chocamán; agradecido estoy con la Dra. Silvia Pimentel y el equipo de Logística del Colegio de Posgraduados campus Montecillo; con todas las personas que conocí y con la montaña, que a pesar de sus regaños, me guía a las cumbres más espléndidas.

Si en el pasado hubo una amistad entre el Rey Man de Chocamán y Netzahualcóyotl Rey Poeta de Texcoco; aún en estos tiempos me parece justo que esa unión funcione tan bien como hasta ahora. Regreso a casa con un ideal diferente; la próxima vez que regrese, les compartiré la mitad de lo que me faltó compartirles. Te invitamos a asistir al Festival Ecocultural Tepexilotla, disfrutar y contribuir con acciones a favor de la naturaleza, del bosque, de la montaña, del río.

Festival Ecocultural Tepexilotla:

El Arte a Favor de la Naturaleza.

Coordinadora General Dra. Silvia Pimentel Aguilar

Profa. Investigadora Adjunta

COLEGIO DE POSTGRADUADOS, Campus Montecillo.

Coordinadora de Logística

Lic. Nelly Lizbeth Ramírez

Lic. Mayra A. Sandoval Quintero

Apoyo Logístico

Ing. Edgar Ramírez González

Héctor Vázquez

1 Músico Baterista.