Molino de Novedades Editoriales

0
195

Miguel Ángel Leal Menchaca (Fresnillo, Zacatecas, 1950), aparte de ser un excelente amigo solidario, es profesor universitario, narrador y ensayista. Lleva muchos años trabajando por y para la Literatura, además de ser autor de una vasta obra de trabajos narrativos, entre ellos Ansiedad que persigue, Obituario, Mujeres abordando taxi—dos reediciones—, Dolor qué callado vienes, Amantes frígidas y La hora mágica, entre otros; pero además se ha puesto a hacer los difíciles libros de texto: Como me lo contaron. Literatura I, Literatura y Comunicación —varias ediciones— y Los cazadores de la palabra perdida, con lo que nos ayuda a solventar los cursos de TEOyE y Literatura en la Universidad Autónoma Chapingo. Recientemente nuestra Universidad le publicó una antología de sus cuentos: Con sus pálidos refejos (UACh, México, 2017. 178 pp.), el cual reúne una selección de veintiún de sus textos de prosa narrativa. Vale mucho la pena acercarse a este autor, quien no ha sido valorado en su exacta dimensión por los que dicen y deciden quién es quién en las letras mexicanas, sin embargo, entre nosotros es un autor sumamente leído y apreciado, además de vender decenas de ejemplares que ya lo quisieran otros autores.

A Élmer Mendoza (Culiacán, Sinaloa, 1949) me lo encuentro de nueva cuenta y se presenta ahora ante mis ojos con Besar al detective (Ed. Penguin Randon House, México, 2015. 254 pp. $199.00. 2a Ed., 2017), novela que no conocía, la cual es de una lectura vertiginosa y atrapante, donde vuelve a aparecer Edgar “El Zurdo” Mendieta, su hijo, hermano, ex mujer, Belascoarán Shayne —personaje de Paco Taibo II—, Ger —su ama de llaves— y, claro, Samantha Valdés y demás personajes que son parte de la saga que ha formado nuestro autor. Con frases y oraciones cortas, Mendoza logra un efecto envolvente en el lector, quien no deja el libro hasta que lo acaba. No recuerdo que en la otra novela el detective escuchara música, pero ahora sí lo hace. Todo lo que Elmer plantea como ficción, como novela, mi querido amigo Nery Córdova lo propone como un estudio en su libro —que no he dejado de ponderar, halagar y recomendar—: La narcocultura: simbología de la transgresión, el poder y la muerte. Sinaloa y la “leyenda negra” (Ed. UAS-Facultad de Ciencias Sociales, México, 2011. 310 pp.), el cual es la contraparte estudiada, mesurada e investigada de lo que significa “el narco” en Sinaloa y ahora en toda la República Mexicana. Nery es un investigador meticuloso que se ha impregnado de lo que significa como rasgo de cultura el trasiego de la droga y los negocios inherentes a ella. Leer la novela y leer a Nery, nos pone las pilas sobre lo que es, significativamente hablando, este asunto del narco y sus asuntos inherentes.

Andrés de Luna fue nuestro compañero en la FCPyS de la UNAM y luego coincidimos trabajando en la revista Su Otro Yo, comandados por el Jefe Vicente Ortega Colunga “Colungón” —según Renato Leduc— y precisamente en la XXXIII Feria del Libro Chapingo 2017, dedicada a Uruguay, encontramos dos títulos suyos por demás interesantes e inquietantes: El secreto de las cosas y El invierno apenas comienza (Tusquets Editores, México, 2002 y 2005, 254 pp., y 154 pp., respectivamente, Colección Andanzas), donde los ingredientes principales son el erotismo y el sexo, ambos aderezados con los elementos humanos que la mayoría de las veces nos hacen fallidos e infelices: los sentimientos. Grata sorpresa leer la prosa depurada y directa de De Luna y saber que es uno de nuestros escritores favoritos por sus méritos, no por la mercadotecnia ni por ser amigo de sus amigos. El primer título es una recreación de momentos eróticos, amorosos y sexuales de importantes íconos de la historia, la cultura y la literatura; el segundo una novela llena de evocaciones y aleccionadoras paradojas que le suceden al ser humano, sobre todo a los espíritus solitarios, como resulta el personaje principal de esta historia. Del primero me encantó la historia de Casanova con una lesbiana, donde ambos se ponen a hablar de conocedor a conocedora sobre el espíritu femenino y el veneciano se queda dormido. Sus libros estaban en un espléndido tiradero, donde aparte se encontraban una cantidad impresionante de buenos libros, la mayoría a 20 y 30 pesos. Al ver los de Andrés de Luna nos apresuramos a comprarlos y animamos a muchos alumnos a que también lo hicieran. Aunque no habíamos leído los libros, con amos en la capacidad narrativa de nuestro compañero y no quedamos defraudados: ambos títulos excelentes.

En ese mismo tiradero nos hicimos de muchos otros títulos, pero sobre todo de varios de James Ellroy: La colina de los suicidas, Loco por Donna y Destino: la morgue (Ediciones B, España, 2007. 348 pp., 248 pp, y 318 pp., respectivamente). Estos tres títulos tienen lo suyo y son parte importante de la creación de novela negra por parte de este autor, quien a partir del crimen de su madre, narrado en La Dalia Negra y luego retomado en L. A. Confidential—o al revés—, tienen su dosis de acción, intriga y suspenso, que nos hacen agarrar el libro y leer sin detenernos. Y claro que también una muy buena dosis de violencia, a la que nos tiene acostumbrado el maestro californiano.

Hemos leído a Jacobo Venegas (Ciudad de México, ¿?), desde hace algún tiempo, si mal no recuerdo el primer título que leí fue …Y con la misma gente (2007, México, 78 pp., edición de autor) pero no lo conocíamos en persona. En la Feria del libro de Chapingo tuvimos la oportunidad de hacerlo y él nos hizo favor de entregarnos su libro El trueno y la fatalidad (Ed. Cofradía de Coyotes, México, 2017. 112 pp.), el cual cumple con los requisitos que pedimos para que un libro sea digno de lectura. Narra con fluidez y nos conecta con historias dignas de ser contadas.

Raúl de León Alcocer, es autor de un clásico entre nosotros: Mariposa de cristal (Ed. Molino de Letras), quien ahora nos entrega su libro Toribio Ortega. Los seis días que incendió la sangre (Ed. Secretaría de Cultura de Chihuahua, México, 2017. 124 pp.) y lo primero que nos viene a la mente es que es una lástima que estos libros no se consigan fácilmente; por ejemplo, el que tengo a la mano es del maestro Rolando Rosas, quien tuvo a bien prestármelo para su lectura. Y es un volumen interesante porque nos muestra en términos de ficción e historia, a un personaje fuera de serie, a un villista —como muchos de los que formaron parte de la División del Norte—, comprometido con la causa revolucionaria, íntegro y de una sola pieza, como creo que ya casi no existen sujetos. La primera vez que oí de Toribio Ortega fue en una charla entre Renato Leduc —quien conoció a muchos generales villistas— y Vicente Ortega Colunga, quien era pariente del general y oriundo de Cuchillo Parado, Chihuahua. A partir de ahí en mi imaginación existió un lugar llamado Cuchillo Parado y luego en la Biografía narrativa de Francisco Villa que escribió Paco Ignacio Taibo II, vuelve a aparecer ese lugar y un bravo y bragado general llamado Toribio Ortega. Ahora me entero de toda su historia, real o novelada nos da lo mismo, gracias a este volumen que está bien narrado y es de fácil lectura.

Nicaragua está de moda gracias a un escritor: Sergio Ramírez, a quien recién le acaban de otorgar el Premio Cervantes, el cual es el equivalente al Premio Nobel pero entre los escritores de lengua castellana. Ramírez tiene una ahora ya basta obra literaria, pero lo conocí en los años setenta cuando se ganó el Premio Nacional de Cuentos San Luis Potosí por su libro Charles Atlas también muere. Pero desde el gran Rubén Darío, la pequeña y hermana República de Nicaragua nos ha dado talentos a granel. Gracias a un talento de esas tierras, colaborador de Molino de Letras y mi amigo, Moisés Elías Fuentes, recibo dos libros importantes: El Movimiento de Vanguardia de Nicaragua, análisis y antología de Pedro Xavier Solís (Colección Cultural de Centro América, Serie Literaria No. 11, Nicaragua, 2001. 294 pp.) y Estudios y conferencias de Camila Henríquez Ureña (Ed. Letras Cubanas, Cuba, 1982. 644 pp.). Ese apellido de esa familia dominicana, Henríquez Ureña, durante mucho tiempo tuvo una influencia cultural entre nosotros y creo que, hasta el momento, no hemos pagado todo lo que le debemos a Pedro y Max en el ámbito de la literatura y cultura en general. Ahora Camila, con sus trabajos, nos hace saber más de lo que han aportado en la cultura latinoamericana. Buenos libros ambos de los cuales daremos información tras su lectura.

Hay una revista que merece toda nuestra atención de principio a fin: Crítica. Revista cultural de la Universidad Autónoma de Puebla, la cual ahora llega a su número 179 dirigida y realizada por un equipo que encabeza Armando Pinto, junto con Julio Eutiquio Sarabia y Gregorio Cervantes Mejía. Este número, el 179 correspondiente a Diciembre-enero de 2017-2018 no tiene desperdicio y lo comentaremos con atención en nuestra próxima entrega. También en la 30 Edición de la Feria Universitaria del Libro “#La Feria de Todos”, organizada por la Universidad Autónoma de Hidalgo me encontré con la Poesía completa de Paul Auster (Seix Barral, España, 2012. 294 pp.) y con ello en la mano comprobamos que es mejor narrador que poeta.

Se quedan sobre nuestra mesa varios libros de suyo interesantes: Teoría y didáctica del género terror de Jaime Ricardo Reyes (Cooperativa Editorial del Magisterio, Colombia, 2007. 206 pp. ¡Un librazo!); Crítica No. 166, 167 y 168, la “Revista Cultural de la Universidad Autónoma de Puebla”; Los 43. Antología Literaria (Ediciones de Los Bastardos de la Uva, México, 2015. 190 pp.) de Eusebio Rubalcaba y Jorge Arturo Borja –compiladores– y Ricardo Lugo Viñas –editor–; Don quijote ¿muere cuerdo? y otras cuestiones cervantinas (Fondo de Cultura Económica $85.00) de Margit Frenk; Los hijos de Yocasta. La huella de la madre (Fondo de Cultura Económica $115.00) de Christiane Oliver; El viaje que nunca termina. La narrativa de Malcolm Lowry (Fondo de Cultura Económica $175.00) de la canadiense Sherrill E. Grace; Los muertos no cuentan cuentos. Antología de narrativa joven del Estado de México de José Luis Herrera Arciniega (antologador) y otra gran cantidad de libros mágicos y maravillosos que, por fortuna, aparecen en un país de no lectores, empezando por ciudadano presidente de la República y todos sus secretarios, cuyo lema es “Joder a México” ¡Ver para creer!

Y por cierto desde estas páginas, reitero mi apoyo al Sindicato Mexicano de Electricistas y a los trabajadores de Mexicana de Aviación, porque les asiste la razón, y repudio las políticas antipopulares, rapaces y mezquinas del Estado Mexicano: ¡No a la nueva Ley Laboral, a la Reforma Educativa y Energética!, ¡la Patria no se vende!, ¡no a la privatización de la energía eléctrica y del petróleo! Igual sigue mi protesta por la desaparición de los 43 normalistas de la Normal de Ayotzinapa, Gro. “Vivos se los llevaron, vivos los queremos” y no a la represión institucional contra los maestros.

Compartir
Artículo anteriorOruga ensillada
Artículo siguienteAnimales mexicanos en peligro de extinción: vaquita marina
Nació en Ixmiquilpan, Hgo., en 1953, es egresado de la FCPyS de la UNAM. Sus más recientes trabajos se han publicado en: De Neza York a Nueva York. From Neza York to New York. Una antología de poesía de la Ciudad de México y la Ciudad de Nueva York. A bilingual anthology of the poetry of Mexico City and New York City (antología, Ed. Cofradía de Coyotes, México, 2015. 220 pp), Escobas de fuego (Historias de brujas), (antología, Ed. Cofradía de Coyotes, México, 2016. 126 pp.), Ret(r)azos (Cuadernos de Pasto verde, Orizaba, 2017. 34 pp.), Amores chapingueros (antología, Ed. Cofradía de Coyotes, México, 2016. 126 pp.) y Respirando por la herida (Ed. Cofradía de Coyotes, México, 2016. 94 pp.)