Acuérdate

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Si estás viendo este mensaje es porque no recuerdas ni el día ni ayer ni mañana.

Hay pocos vestigios de ti, de tu infancia; casi nadie sabe nada, nadie que esté vivo; tu memoria se ha marchitado también; no sólo las ecuaciones de segundo grado con tres incógnitas, has olvidado lavarte los dientes y el rostro que aparece en el espejo de vez en cuando, un extraño te ve a los ojos, ya no hay ni un atisbo de quien fue, la muerte duele pero no el olvido.

Ya no sabes qué es un dulce de coco, un helado de leche quemada, un trago de mezcal, el agua fría a media tarde en la carretera de Australia, infinita como el camino al infierno donde nadie sale vivo, nadie que vaya a ninguna parte y no lo sepa.

Tu nombre, viejo como Matusalén, es una cáscara de nuez, una semilla de uva no estéril sino vacía, es una hoja en blanco, el mensaje del enamorado que enmudece en el último momento, el recuerdo que no sabes que se ha perdido, tu nombre es extraño, como miles de palabras que no tienen nada dentro, como el amor en falso o la amistad de un niño.

Dos o tres cosas, tal vez, serían memorables de una infancia pastosa, cosas que nunca recordaste como los baños de sol en la montaña: Tunuchi, Yucunisciaci, Nundaka… un paso antes del cielo donde el frío se hunde hasta los huesos; si algo no has olvidado es el frío, a veces va con nosotros a todas partes, a veces nos espera cuando llegamos tarde.

Moisés te llaman, lo mismo que sal o tierra o ventana… tomaste apuntes, llenaste el librero de nombres, recuerdos, rencores, odios, pero nunca amores…

Algo tenías qué hacer, en algún lugar dejaste las llaves, ¿dónde están las putas llaves?, y ¿dónde está el olvido que no olvidas?

No fuiste tú el que tiró tus libros o tus afectos o tus dolores o eso que las putas, los puercos y los filósofos llaman evidencia.

Nada llevabas después de todo ni tu pluma indecente para escribir puto el que lo lea ni tu reloj que al final marcaba veintenas, ¿de dónde salió esa idea de sesenta en sesenta? Y ¿luego de  quince en quince? ¿Qué no era mejor de veinte en veinte? Así no diríamos un cuarto de carne cruda sino un tercio.

Éramos tres, veníamos caminando, pero los otros 40 se habían perdido.

Nunca vi a las putas, pero los putos estaban a la orden del día, putos los que sueñan al amanecer, los que duermen con la mano en el sexo, los que sueñan que todo está bien.

No recuerdo nombres ni palabras ni canciones ni el olor a mar; no recuerdo cómo amarrarme las agujetas ni como ponerme una camisa ni cómo decir lo siento.

No recuerdo dónde estaba cuando nadie me necesitaba ni mañana cuando todos los que me conocieron hayan muerto.

No recuerdo a mis amigos menos a mis enemigos que nunca contaron nada.

No recuerdo a quienes me amaron, espera… nadie me amó después de todo y nadie lo recuerda.