De la cultura libre

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Las siguientes ideas surgen al calor de la lectura de Dinero para la cultura (Debate, 2013) de Gabriel Zaid. Considero que su obra posee un amplio sentido crítico, único en su género en nuestro país: mediante la literatura realiza una interfaz perfecta con las demás disciplinas artísticas, dimensionando y exponiendo la situación actual en pleno siglo XXI, una situación adversa ante un Estado alejado de los productores, autores y artistas encargados de dar oxígeno a la sociedad mexicana mediante el arte, la cultura y la educación.

Advierto que no pretendo denostar el esfuerzo de las instituciones públicas en su actuar en la triada educación-arte-cultura; por el contrario, busco exponer que los esfuerzos independientes realizados por proyectos —desde un taller, un estudio, un colectivo, un grupo autónomo, o desde el individuo, que por medios propios logra construir alternativas— que abonan al crecimiento de nuestra nación mediante la triada mencionada: es necesario abrir espacios de difusión, fortalecer mecanismos autónomos, sin necesitar los métodos burocráticos para explotar el talento nacional, dirigir y conformar procesos para cada entidad, municipio, colonia o calle, y recuperar gradualmente tejido social a través del talento nato que se encuentra en todas las colonias de nuestros municipios, y darle un espacio digno al esfuerzo no burocrático, al esfuerzo ciudadano, que busca vivir mejor.

“La cultura libre nace en el mundo comercial. Gutenberg era empresario, Leonardo contratista, Erasmo freelance. Nace al margen de la universidad, y hasta en contra. Erasmo, Descartes y Spinoza rechazaron dar cátedra universitaria, no querían ser profesores, sino contertulios y autores (1).

“Las influencias dominantes del siglo XX (Marx, Freud, Einstein, Picasso, Stravinsky, Chaplin, Le Corbusier) nacieron de la libertad creadora, de personas que trabajaban en su casa, en su consultorio, en su estudio, en su taller. Influyeron por la importancia de su obra, no por el peso institucional de su investidura. Tenían algo importante que decir y lo dijeron por su cuenta, firmando como personas, no como profesores, investigadores, clérigos o funcionarios” (2).

¿Será acaso que las instituciones actuales se limitan a mantener viva la idea de cultura? Considero que, como el jardinero con el Bonsay, aquéllas limitan y estancan el poder creativo del ser humano, o ¿cómo explicar, que las universidades tanto públicas o privadas vean en el arte y la cultura solamente un ornato, no digno para invertir financiamiento? El Estado prefiere invertir en reprimir a los jóvenes, gastar millones de pesos en armas hechas en EU, Israel, Italia o Alemania, o adquirir patrullas que solo sirven un par de años por el mal uso, fomentando con esto la ideología del odio a la vida, siendo arrastrados a la espiral que no da resultados en materia de seguridad pública; se percibe una escalada del neoliberalismo contra la vida misma en nuestro país en pleno siglo XXI.

La idea actual, según parece, es extirpar el talento de la futura generación y crear ciudadanos que no exijan lo que por ley les corresponde, espacios para el desarrollo de sus aptitudes culturales, artísticas, deportivas, dándoles sólo matices por el teléfono celular, evitando la lectura impresa, cuando está comprobado que el acto más pacífico del ser humano es la lectura.

Es una gran lucha ancestral entre el saber y la razón, contra la imposición de medidas dirigidas por un sistema neoliberal caduco y absurdo que impera, y que debería ser suplido por un nuevo y vigoroso esquema social-cultural, que trascienda en la sociedad de forma transversal, promoviendo y aplicando el pensamiento crítico en el análisis profundo de la problemática en nuestro país, y en especial en nuestro entorno el Estado de México, y construir soluciones emanadas desde las colonias, tanto de clase media, baja o alta, logrando una vanguardia de transformación social, cultural y política del siglo XXI.

“La cultura libre es una institución invisible y ácrata: Sin gobierno, territorio o edificios que manifiesten visiblemente su importancia, como la Iglesia, el Estado, la Universidad, los consorcios mediáticos y las transnacionales. No puede ofrecer altos empleos, ni emprender por su cuenta proyectos que requieran grandes presupuestos. No tiene representantes autorizados, ni los avala con investiduras oficiales. Opera en el mundo de los freelance, las microempresas y las micro-instituciones, en el espacio dialogante de la sociedad civil (3).

“Algo tienen las burocracias (militares, cortesanas, eclesiásticas, estatales, universitarias, mediáticas, empresariales y sindicales) que desaniman la creatividad. Las estructuras jerárquicas se llevan mal con la libertad creadora. Tienden al centralismo y la hegemonía.

“Desconfían de las iniciativas que no se rigen By the book. La animación creadora prospera sobre todo en micro estructuras que andan sueltas, y que las burocracias tratan de integrar, atrayéndolas o intimidándolas” (4).

Es por ello que los proyectos y propuestas que surgen de lo cotidiano, de lo propio, encuentran “el muro” del desafío financiero social de certeza, ante el valor de realizar estructuras desde la base. El financiamiento y la validez son y serán los principales obstáculos de crecimiento, aunque el modelo de cultura cubano, por ejemplo, nos da una muestra del gran significado del aporte humano al arte social y a la cultura sustentable, dan trazo a los esfuerzos reales y bien fundamentados para no sólo ser contrapeso de la cultura burocrática, sino por el contrario, complementar y demostrar que el arte surge del espíritu creativo y no del capital, es en sentido inverso, la creatividad es como el latido del corazón sano, algo que se hace constante y continuamente por la sociedad, y no sólo para la actual, algo hay de cierto en la búsqueda de permanecer por generaciones con un gran legado, que rompa la barrera del tiempo y demuestre que el talento mexiquense es y será de los herederos del gran tlatoani Nezahualcóyotl, nosotros y los próximos.

“El poder económico de las universidades, sus grandes presupuestos y edificios, su capacidad monopsónica para reclutar talentos que no tienen mercado en el mundo comercial y sus campañas de relaciones públicas y cabildeo les sirven para presentarse como la institución central de la cultura. Y no faltan los convencidos (paradójicamente) de que la institución medieval es el centro de la cultura moderna.

“No lo es. En primer lugar, porque la enseñanza superior no es lo mismo que el desarrollo de la cultura superior. La universidad puede generar innovaciones en sus departamentos de investigación y extensión cultural, si los tiene y los apoya, pero está centrada en la educación. En segundo lugar, porque la institución del saber jerárquico, autorizado y certificado no es el medio ideal para la creatividad, menos aún si la institución es gigantesca, burocratizada y sindicalizada. En tercer lugar, porque la universidad conserva el eclesiástico desprecio del mundo comercial: el lugar de origen de la cultura moderna” (5).

Es tremendamente lamentable conocer la escasa o nula actividad cultural en las universidades en el Estado de México, ya que si esto ocurre a nivel superior, donde se supone el joven más crítico y dotado de conocimiento no percibe que le deben cultura libre, mucho menos lo analizará el obrero, el comerciante, que no tienen más formación y que sólo se conforma con ver el clásico de futbol “América-Chivas”, o con la telenovela de contenido violento, que promueve el estereotipo de la narcocultura, la cual tanto en la música como en la televisión inunda a millones de habitantes a diario, mientras el Estado se desgasta en mentir a los ciudadanos afirmando que combate al crimen, cuando los presupuestos para las industrias culturales: TV, radio, internet, etcétera, recrean el estereotipo del crimen.

Pero si un alumno o alumna de universidad solicita recursos a su institución educativa para un evento cultural, donde el rock o el jazz, la poesía y la literatura interactúen con la población estudiantil, se encuentran con un profundo “no hay recurso”, la misma frase se escucha en ayuntamientos, centros culturales y por demás espacios burocráticos de la cultura.

Es necesario implementar actividades culturales, deportivas, artísticas, fomentar la lectura a escala nacional, donar libros, comercializarlos, llevarlos a todos los rincones, hacer de la lectura un hábito, formar jóvenes lectores, que se construya el pensamiento crítico para dar respuestas lógicas y certeras a los grandes retos como cambio climático, migración, pobreza extrema, violencia contra la mujer, analfabetismo en pleno siglo XXI, atención médica de calidad, ecología, ciudades sustentables, recuperación del campo mexicano, legalización de la mariguana y muchos retos que requieren de análisis y propuestas serias y reales de las ciudades, de las zonas rurales, de los jóvenes, de los adultos, de los futuros habitantes de la megalópolis 2050.Notas1. Zaid Gabriel, Dinero para la cultura. Editorial Debate. 2013. México. D.F. pág.97.2. Ibídem, pág. 98.3. Ibídem, pág.98.4. Ídem. pág. 99.5. Ibídem, pág. 100. megalópolis 2050.

 

Notas

  1. Zaid Gabriel, Dinero para la cultura. Editorial

Debate. 2013. México. D.F. pág.97.

  1. Ibídem, pág. 98.
  2. Ibídem, pág.98.
  3. Idem. pág. 99.
  4. Ibídem, pág. 100.