Molino de novedades editoriales

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Nada como estar en una feria del libro, para respirar y aspirar el aroma del papel y de la tinta de los libros que están por todos lados. Fui a la 30 Edición de la Feria Universitaria del Libro “La Feria de Todos”, organizada por la Universidad Autónoma de Hidalgo para presentar en la sala “Agustín Ramos” el excelente volumen de poemas de mi amigo José Francisco Conde Ortega (Atlixco, Pue., 1951): El canto del guerrero (UAM, México, 2016. 72 pp. Colección “El pez en el agua”. Serie Poesía), con un lleno total y gente muy animosa en el lugar. Aparte de la alegría del reencuentro con alguien siempre estimado y querido, además de Sandra –su esposa–, Paquito –su hijo– y ahora su nuera y su nieta Vida, la atención por parte de quienes son parte del equipo del querido maestro y amigo Bernardo Ruiz fue cariñosa, solidaria, plena, respetuosa y divertida. Nos la pasamos muy bien todos -creo- y fue muy venturoso ese encuentro con JFCO, amigo de muchas aventuras literarias y de las otras.

Precisamente en esa Feria del libro me encontré con otros amigos de manera física o representados por sus libros y sus obras. Ese fue el caso de Juan Manuel Gómez (Ciudad de México, 1968), a quien tenía mucho tiempo de no ver y tuvo a bien regalarme su libro de poemas Como un pez rojo. Cuadernos de navegación (UAM, México, 2016. 266 pp. Colección “El pez en el agua”. Serie Poesía), de suyo muy interesante y que termina con un texto del querido maestro Álvaro Mutis, comentando precisamente las tres partes que forman este poemario, el cual fue presentado en el marco de esa Feria del Libro celebrada en Pachuca de Soto.

Ahí me encontré, en sus libros, con Vicente Quirarte y Sandro Cohen, compañeros de la vida y de la UAM-Azcapotzalco durante casi 10 años. Al primero con su novela La isla tiene forma de ballena (Seix Barral Biblioteca Breve, México, 2015. 236 pp.), libro que no tiene desperdicio y que es una mezcla de historia con ficción, de personas reales con personajes inventados además de una trama de intriga y suspenso que la hace muy atractiva; además que, de nueva cuenta, pone en el tapete la valerosa vida de los liberales mexicanos, quienes vivieron en la justa medianía, quienes querían al país sin doblez y lo demostraban, quienes fueron los forjadores de un país que debería de ser feliz –el nuestro– y además de que debe ser bien mandado –ah, que desgracia son y representan los neoliberales que están acabando con él–, próspero y feliz. Es la ciudad de Nueva York, donde se encuentra la familia Juárez con Margarita Maza a la cabeza y un gran grupo de expatriados, quienes trabajan para el gobierno de la República, mientras que otros lo hacen por el gobierno conservador y el Imperio de Maximiliano. Andan conspirando Francisco Zarco, Felipe Beriozábal y varios más, incluso hay una sub trama policiaca y de misterio en ella, con lo que aumenta su atractivo. Ahí había otro bello libro, por su diseño y contenido del académico y doctor Quirarte: Merecer un libro (Ed. Amaquemecan-Sría. de Cultura, México, 2016. 62 pp.) que, como su nombre lo indica, es el periplo de ese gran medio de comunicación y el invento más fructífero en la historia del hombre.

Mientras que de Sandro Cohen compré Los 101 errores más comunes del español (Ed. Planeta, México, 2013. 268 pp.), libro que consideramos fundamental para todos aquellos que, de verdad, quieren expresarse de manera correcta y juiciosa. Lo dice bien la contraportada: “es un libro práctico y sencillo que aclara y resuelve las confusiones más frecuentes del lenguaje escrito”. Disfruto mucho de los ejemplos que pone Sandro y de sus opiniones –doctas– sobre muchas pifias del lenguaje. Otro Coen, sin “h”, pero Arrigo y de segundo apellido Anitúa, fue mi maestro de Publicidad y Propaganda en la FCPyS de la UNAM y también nos daba ejemplos múltiples de como hablando y escribiendo atrofiamos el lenguaje. Uno de sus libros fundamentales es El lenguaje que usted habla. Filología efímera (Ed. Vértice, México, 1948. 396 pp.  Col. “Nuestra América”) y el otro es Para saber lo que se dice (Ed. Domés, México, 1986. 254 pp.), sin ninguna duda fundamentales para todos los que nos dedicamos a escribir y enseñar la lengua de Cervantes, de Lope de Vega, de Quevedo, de Góngora, de Bonifaz Nuño, de Neruda y muchos más.

Murió Carlos Oliva Lozano (1955-2017) quien, pese al apellido, no era nada del maestro Óscar Oliva. Fue un activo poeta joven en los 70 y 80; fundador de revistas de poesía y merecedor de varios premios. Nos conocimos desde los años 70 y hubiera muerto en Lagos de Moreno, Jal., mucho años antes, si no me meto entre él y un empistolado sujeto, a quien, imprudentemente Carlos piropeó y abrazó a su compañera. Fue noviecito santo de la bella Nelly, lo que despertaba muchas envidias entre el personal. Colaboró en Zona, Sin Embargo y Graffiti y lo recuerdo como un gran amigo, una mente lúcida y dueño de una voz poética innovadora. Entre sus libros se encuentran: Un lance de adagios jamás abolirá el azar (1979), Insomnios de su enigmática desaparición (Premio Nacional de Poesía Joven, 1979), Criba las sandalias (del cual fui su editor en Conaculta), Mireya en otoño (1990) Que en paz descanse. Y luego, a los pocos días, le siguió los pasos Manuel Andrade (1957-2017), poeta al que ubicábamos en Jalapa, Ver., persona muy activa que anduvo sobre todo en los años 70 de aquí para allá, publicó libros y fundó revistas y editoriales, entre sus libros se encuentra Celebraciones (1986).

Tom Petty murió el 2 de octubre, que nunca se olvida, a los 66 años. Era un gran músico a quien siempre seguí y lo oía con mucho agrado por su modo virtuoso y lúdico de tocar la guitarra, al igual que a su banda los “Hertbreakers”, aunque a él lo conocí como acompañante del ahora Premio Nobel, Bob Dylan. Ambos, más Roy Orbison, George Harrison y Jeff Lynne formaron “Traveling Wilburys”, un grupo que lo resiste todo. Y tengo precisamente frente a mí el “Family Tree” Volumen I, con el cual me estoy solazando y disfrutando plenamente de esos sonidos que sólo los forman una muy buena banda. Se van muchos elementos buenos y nos dejan a muchos malos, sobre todo políticos –los mexicanos, por ejemplo– de quienes ahora lo sabemos con más claridad, son zánganos y parásitos del sistema, a quienes mantenemos muy bien y nunca hacen nada por nosotros, por el pueblo.

Se cumplen cincuenta años del asesinato de Ernesto “El Ché” Guevara, e inmediatamente viene a mi memoria la vez en que conocí a Regis Debray, el periodista francés quien fue uno de los últimos en ver con vida al guerrillero en Bolivia. Trabajaba en la Dirección de Literatura del INBA, cuyo titular era Gustavo Saínz, cuando tuvimos que ir por un personaje que era el francés. El primer enredo que padecimos fue que pidió tabaco para su pipa, pero ni Sainz ni yo fumábamos, por lo que tuvimos que ir hasta una tienda de tabacos que estaba frente al Parque Hundido, en Insurgentes Sur. Un sujeto sumamente interesante, sobre todo cuando se sabía que fue uno de los testigos de la captura del comandante de hombres libres.

Tomar un Seminario sobre “La Aventura de leer a Jorge Luis Borges” no tiene precio y menos si lo da el Maestro Gilberto Prado Galán, quien domina al autor argentino de la “a” a la “z”, tanto como Miguel Ángel Leal Menchaca, quien hizo su tesis de maestría sobre el portentoso autor. Y en efecto, en el pasado mes de julio, los días 25, 26 y 27, fuimos ilustrados y supimos mucho más de un autor que en los años 70 denostábamos por sus opiniones políticas, aunque luego nos ganó su literatura y vimos en él a una de las cumbres de esa disciplina estética. “La lectura debe ser una de las formas de la felicidad y no se puede obligar a nadie a ser feliz” dice el enorme argentino y nosotros, humildemente, creemos ciegamente en esas palabras: no podemos obligar a nadie a ser feliz.

Se quedan sobre nuestra mesa varios libros de suyo interesantes: Teoría y didáctica del género terror de Jaime Ricardo Reyes (Cooperativa Editorial del Magisterio, Colombia, 2007. 206 pp. ¡Un librazo!); Los 43. Antología Literaria (Ediciones de Los Bastardos de la Uva, México, 2015. 190 pp.) de Eusebio Rubalcaba y Jorge Arturo Borja –compiladores– y Ricardo Lugo Viñas –editor–; Don quijote ¿muere cuerdo? y otras cuestiones cervantinas (Fondo de Cultura Económica. $85.00) de Margit Frenk; Los hijos de Yocasta. La huella de la madre (Fondo de Cultura Económica $115.00) de Christiane Oliver; El viaje que nunca termina. La narrativa de Malcolm Lowry (Fondo de Cultura Económica $175.00) de la canadiense Sherrill E. Grace; Los muertos no cuentan cuentos. Antología de narrativa joven del Estado de México de José Luis Herrera Arciniega (antologador) y otra gran cantidad de libros mágicos y maravillosos que, por fortuna, aparecen en un país de no lectores, empezando por ciudadano presidente de la República y todos sus secretarios, cuyo lema es “Joder a México” ¡Ver para creer!

Y por cierto desde estas páginas, reitero mi apoyo al Sindicato Mexicano de Electricistas y a los trabajadores de Mexicana de Aviación, porque les asiste la razón, y repudio las políticas antipopulares, rapaces y mezquinas del Estado Mexicano: ¡No a la nueva Ley Laboral, a la Reforma Educativa y Energética!, ¡la Patria no se vende!, ¡no a la privatización de la energía eléctrica y del petróleo! Igual sigue mi protesta por la desaparición de los 43 normalistas de la Normal de Ayotzinapa, Gro. “Vivos se los llevaron, vivos los queremos” y no a la represión institucional contra los maestros.

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Nació en Ixmiquilpan, Hgo., en 1953, es egresado de la FCPyS de la UNAM. Sus más recientes trabajos se han publicado en: De Neza York a Nueva York. From Neza York to New York. Una antología de poesía de la Ciudad de México y la Ciudad de Nueva York. A bilingual anthology of the poetry of Mexico City and New York City (antología, Ed. Cofradía de Coyotes, México, 2015. 220 pp), Escobas de fuego (Historias de brujas), (antología, Ed. Cofradía de Coyotes, México, 2016. 126 pp.), Ret(r)azos (Cuadernos de Pasto verde, Orizaba, 2017. 34 pp.), Amores chapingueros (antología, Ed. Cofradía de Coyotes, México, 2016. 126 pp.) y Respirando por la herida (Ed. Cofradía de Coyotes, México, 2016. 94 pp.)