3 de diciembre de 1955. María Izquierdo, más mexicana que Frida Kahlo

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30 de octubre de 1902 – 3 de diciembre de 1955

En la historia del arte mexicano hay un nombre que pocos conocen, pero que llegó a ser más importante que algunos de los pintores que son reconocidos actualmente: María Izquierdo, una artista que no sólo fue “bloqueada” por algunos de los grandes pintores de su época, sino que también murió en la pobreza, casi olvidada por la historia.

Fue una de las más grandes pintoras mexicanas del siglo XX. Nacida en San Juan de los Lagos, Jalisco, ingresó a la Academia de San Carlos en 1928 y fue alumna de Germán Gedovius y Manuel Toussaint, pero desde el inicio se mostró ajena a las tradiciones, ya que abandonó la institución al primer año porque quería representar escenas más auténticas.

Consiguió un estilo único que le ganó su primera exposición en la Galería de Arte Moderno en la Ciudad de México en 1929, y un año después en el Art Center de Nueva York. Fue la primera mexicana en exhibir en Estados Unidos. Pero no sólo eso, también presentó su obra en Japón, Francia, India y Chile.

En 1945 fue contratada por el entonces regerente del Distrito Federal para que pintara un mural de 200 metros cuadrados en el edificio sede del gobierno capitalino. Con andamios y materiales listos la obra fue suspendida principalmente por las opiniones vertidas por Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros, quienes argumentaron que una mujer no estaba preparada para ejecutar una obra de tal magnitud. A partir de ese suceso, la artista fue víctima de intrigas y ataques en la prensa, situación que la llevó a un desgaste físico y moral.

Contrajo matrimonio con Raúl Uribe, un pintor sudamericano quien vendió su obra principalmente a diplomáticos alrededor del mundo. Después de sufrir un ataque de hemiplejía en 1945, Izquierdo quedó paralítica del lado derecho de su cuerpo, y aunque Uribe le robó el dinero que ganó con sus pinturas para después abandonarla, no dejó de pintar sino hasta el fin de sus días en 1955, en la pobreza.

Entre sus obras más destacadas se encuentra “El retrato de Belém”, “El circo”, “La soga” y “El baile del oso”. Su pintura fue considerada por el teórico francés del surrealismo Antonin Artaud como “sincera, espontánea, primitiva e inquietante”.

Actualmente la mayoría de su labor pictórica se encuentra en manos de extranjeros y muchos de sus restantes trabajos se encuentran perdidos.

El Retrato de Belem se presentó en la primera exposición individual de María Izquierdo, en noviembre de 1929, en la Galería de Arte Moderno del Teatro Nacional (actual Palacio de Bellas Artes), dirigida por Carlos Orozco Romero y Carlos Mérida.

 

Zapata, 1945. María Izquierdo

Sólo el título de este óleo identifica la tumba recién abierta y sin identificación, como la de Emiliano Zapata, cuyos únicos dolientes son los caballos. No cabe duda que la pintura rompe las expectativas de la representación icónica y heroica del general revolucionario perdido, asesinado en abril de 1919.

 

Autoretrato, 1940.