Yo ya quería darle…

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La tierra dormida

La fui a ver a su cuarto a medio día, fue el lunes o el martes, le pedí prestada su calculadora científica porque tenía que hacer unas operaciones que no entendía muy bien, soy lento en eso de calcular, ella me ha enseñado algunas cosas, porque la neta se me van las cabras con los números.

Le pregunté si nos veíamos en la tarde, yo estaba seguro que saldría de clase a las seis, después de media hora de ejercicios con las tablas dinámicas; ella me dijo que tenía ganas, yo le dije que pa luego es tarde, pero me tenía que ir a clase, regreso como a las seis y media, ¿va?

Entonces me dijo tal vez salgo un rato; va, me avisas que pex; ando un poco atareado porque todo lo dejo hasta el final, para qué hacerlo hoy si puedo dejarlo para mañana; a veces me enredo un poco yo solo, ni yo mismo me entiendo, pero voy a pasito.

 

Somos acá, ¡huyuyuy!, desde segundo, aunque ella iba en otro grupo siempre nos veíamos en los pasillos de la prepa, !neto¡, ya ni nos daba chance de ir a cenar, pero ahí nos quedábamos orejas de ratón loco. Lo chido eran las puestas de sol, megachingón, sentarnos en las banquitas azules para ver el fin del mundo de cada día.

La neta yo ya quería darle acá, un poquito de pasión, pero no hallaba cómo; los ojetes de mi cuarto me hacían burla que porque andaba solapa la regadera, que de calentón en calentón al boiler se le va la presión; haz de tener pelos en las manos y si te alcanzaras hasta en la lengua.

Cada quien ya había tenido sus asegunes, y, !neto¡, pensaba que alguien de su pandilla era más cabrón que bonito y que le daba duro por catacumbas; me la jalaba largo, pero es que está bien bonita; !No mames¡, bonita es poco.

Era flaquita, pero, !neto¡, panchito ya quería llegar a fondo, y sus pechitos pajaritos, un dos tres por mí, que así te la pedí.

Al buen paso darle prisa, me dije, y la invité a caminar por lo oscurito, entre los días de febrero loco; por atrás del auditorio, por el siestan y la calzada de jacarandas en flor; no sé ni qué le iba diciendo, pero !neto¡, mi corazoncito iba tum, tum; y mi otro corazón se iba poniendo acá, listo para todo, hasta el infinito y más allá.

Llegamos al peri y nos fuimos para la chichifo, sombras nadamás, entre tu vida y la mía; por allá hay unos setos altos como de uno diez o más, llegamos como quien no quiere la cosa, me sudaban las manos, era un sudor frío, me froté un poco en mi playera, para quitar la ansiedad, entonces sucedió: empecé a besarla suavemente. !Putamadre¡, sus besos son besos, cabrón.

Mis manos, lentas pero seguras empezaron a frotar su espalda. !No mames¡, su cintura acá, mis manos tienen memoria propia y se erizan al contacto del recuerdo, sus nalguitas siempre me gustaron, y sus muslos largos y suaves.

Mis manos frotaban sus nalgas, !una cosa bonita¡; !sí señor¡, de lo bueno lo mejor… con las manos giré su cadera un poco a la derecha, la besaba con suavidad, mi mano izquierda acariciaba su espalda y mi mano derecha empezó a buscar entre sus piernas, encontré el botón… de metal y se abrió el pantalón, el cierre bajó lentamente; !palamadre¡, piche cierre puto, es una mirruñita.

Metí la mano, la tibieza de su abdomen liso y suave es otro pedo; la delicadeza de sus pelitos es el recuerdo más dulce de mis dedos, puedo morir en paz después de eso.

Tocar sus labios es. Tocar la humedad y sentir su esencia, mover el mundo con un suave dedo en medio del mar; sentir la puesta de sol que nos une en silencio cada tarde en los dedos, sentir su corazón que crece junto al mío. !Pocamadre¡, Dios existe cuando hacemos el amor.

El mundo se detiene de pronto, la respiración se contrae, giramos sobre un eje en medio de los dos, como un disco de imágenes borrosas hasta que se rompe el dique y el agua sale con furia, llamarada que explota y se aleja tiernamente.

La calma llega, se abren los ojos, por un momento no sé qué decir, no sé qué hacer, está en mis brazos y la veo a los ojos; nuestros corazones son trenes que siguen su curso, sin detenerse a toda velocidad al encuentro uno del otro.

¿Quieres seguir?, le pregunto, ¿quieres que lo hagamos?, ella tiene una sonrisa, !no mames¡, pero bien bonita, mueve la cabeza afirmativamente; algunas estupideces salen de mi boca, pero ella es tan fresca, tan ella misma, tan linda y su sonrisa sigue diciendo que si.

Todo se va de pronto al otro lado del mundo cuando la volteó y le bajo un poco los pantalones, todo junto con las dos manos; quitó el botón de mi pantalón, bajo el cierre y sacó mi verga, dura y caliente; le abro un poco las piernas y con la mano la acomodo en la humedad, la voy metiendo lentamente mientras le agarro las caderas, hasta que llega al fondo; un suspiro sale de muy adentro y la abrazo con las dos manos mientras empujo.

Su cabello está en mi nariz, y su tibieza en mi corazón cuando se apaga todo. Se me erizan los dedos, mis manos agarran sus senos mientras giramos en la oscuridad, y me vengo con estertores suaves, todo es humedad y ríos; gotas de una lluvia que no existe humedecen mis ojos.

Me siento agradecido con la vida. Le digo al oído: “cuánto me debía el destino que contigo me pagó”. Y soy feliz.

 

Ya fue, son los últimos días, pasamos de cci a ing, en menos que lo cuento, a veces sudando en el examen o con los piches profes putos que creen que no te debes echar unas frías ni coger rico, sólo hacer trabajos que ni revisan, culeros.

A las seis me manda un mensaje al cel: siempre si salí, regreso como a las ocho… un hilito desagradable sube por mi estómago, a las seis y media guardo mis cosas, voy caminando, de pronto ya estoy en su cuarto, toco y me abre su compañera: no está, pero pásate, me dice; ya son las siete cuando veo la tele, estoy sentado en su cama, le mando un mensaje al cel: te dejo tu calculadora… y nada; leo una revista Molino de letras de su cuarto, la verdad me aburre; espero que pase el tiempo.

Ya son las ocho, las ocho y media; en su mesa de trabajo hay un gato, una alcancía de colores brillantes, le pongo dos pesos y me voy; al salir le mando otro mensaje al cel: le di de comer al gato… después de un rato me llega un mensaje: a veces no te entiendo, trato de no malvibrarme, chale…

No sé qué le digo, algo con sus propias palabras; estoy en mi cuarto, casi es media noche, me voy a lavar los dientes, con paciencia, con calma: primero con el hilo dental, lo enredo entre los dedos índices de mis manos y lo voy pasando entre cada unión de mis dientes, los de arriba así con cuidado, me veo en el espejo y abro una bocota para poder jalar; a veces hay que meterlo dos o tres veces en la misma unión, me enjuago; pongo pasta en el cepillo y empiezo a recorrer mis dientes, primero las muelas, en su pared externa, de un lado y de otro, los dientes de en medio de arriba hacia abajo; luego la superficie de las muelas con el cepillo en círculos, y finalmente la cara interna, por todos lados; muevo el enjuague con fuerza y le aviento mi mejor sonrisa al espejo: no sale nada.

Cuando regreso tengo una llamada perdida, es ella, le marco pero su cel suena ocupado; espero unos minutos y le vuelvo a marcar, sigue sonando ocupado; espero, veo el techo y me acuesto, le marco y suena fuera de servicio, le mando un mensaje: tu teléfono suena ocupado.

Me llama y le contesto, me reclama, que ondas son esas, que malvibre, me encabrono lentamente, mañana hablamos.

Peleamos todo el día, le digo qué me saca de onda, se encabrona y por consiguiente me encabrono.

Para pelearnos estamos bien, para mandar a la chingada todo basta un minuto.

Me ahogo en un vaso de agua, te quiero un chingo, le digo.

Algo sigue ahí dando vuelta, se mete lentamente en la cabeza y no sale, es una víbora de muchas cabezas… dos, tres días de insomnio.

Llego a su cuarto el fin, ella está contenta, tararea una canción y danza, se ríe con su hermosura; !no mames¡, ¿me pongo celoso por nada?

Nos recostamos en su cama, ella está pecho abajo y enfrente tiene su lap, escribe ávidamente, yo la abrazo y mi cara se pega a su costado, le acaricio la espalda, le acaricio las nalgas y pego mi carita a su cuerpo; ella sonríe, se detiene y piensa, le da con ganas a las teclas del chat: el facebook nos hará libres.

Yo me hago pequeño, poco a poco más pequeño.

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  1. Este texto apareció con el título Cuando te vaya, no cierres la puerta. Por un error en el texto del Autor.

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