Molino de Novedades Editoriales

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Sin ninguna duda Juan Rulfo (1917-1986) es uno de nuestros escritores más emblemáticos y universales. Pero por parte de la Fundación Juan Rulfo, de pronto se cae en ciertas exageraciones que no tienen un porqué, como la afirmación de que nuestro autor es, verdaderamente, el más universal de todos los escritores mexicanos, menospreciando a don Alfonso Reyes, Carlos Fuentes, Octavio Paz, Fernando del Paso, José Emilio Pacheco y, al menos dos o tres más que no quiero ni debo mencionar. Por lo pronto la Fundación y la Editorial RM han puesto en circulación las “Obras Completas” del autor jalisciense: Pedro Páramo, El llano en llamas y El gallo de oro (2017) y, además, Pedro Páramo en edición bilingüe español-náhuatl (Presentación de Heriberto Yépez y traducción de Victoriano de la Cruz Cruz), la cual es una auténtica joya. Nuestra Universidad Autónoma Chapingo tuvo a bien ser una de las co-editoras y eso, quiérase o no, es un acierto muy digno de mencionar y celebrar. Y precisamente en el Auditorio Álvaro Carrillo, se presentaron los primeros tres títulos mencionados, con gran éxito de asistencia –el auditorio lleno al tope– y de ventas. No está de más mencionar que Juan Rulfo es uno de los autores que en nuestro Plan de Estudios de Literatura II, de la Preparatoria Agrícola, se tiene qué leer como parte del “Boom de la narrativa latinoamericana” y como parte de la novela o narrativa de la Revolución Mexicana. Tuve la fortuna de participar en esa presentación y el encargado de la Fundación, Víctor Jiménez, quien manifestó que su padre había estudiado en Chapingo y que luego se fue a estudiar Arquitectura a la UNAM, todo eso y su rostro me recordaba vagamente a alguien, y ya hasta que pasó el momento, varios días después, recordé a uno de mis autores favoritos: Armando Jiménez, el autor de un súper libro: La picardía mexicana (1960), a quien tuve el gusto y la fortuna de tratar y conocer durante una de sus visitas a una de las Ferias del Libro de hace muchos años. aquí en nuestra Universidad.

El Marqués de Sade nunca pasará de moda porque no es ni ha sido nunca una moda. Es una presencia que inquieta, ya sea leyendo su biografía o sus obras, pero no tanto por lo que supuestamente le hizo a otras personas –lo que llevó a Sigmund Freud a llamar “masoquismo”esas tendencias–, sus supuestas víctimas, sino por sus propuestas filosóficas, estéticas y morales, donde existe mucha tela de dónde cortar, no en balde los libertinos eran sujetos muy cultos y refinados, generadores de muchas ideas y, claro, con muchos vicios y virtudes. Por eso el libro de la francesa Annie Le Brun, Sade. De pronto un bloque de abismo (Ediciones Literales, Argentina, 2006. 282 pp. Traducción de Silvio Mattoni), es un volumen que merece una lectura atenta y meditada. Es un gran ensayo en torno al divino Marqués que va en múltiples direcciones y con una visión erudita y mesurada de nuestro personaje, además de ser la presentación-prólogo a las ediciones completas de Sade en Francia. Este libro me lo prestó mi hija Trilce, quien hace su tesis de licenciatura, precisamente, sobre “la filosofía” de este personaje polémico y cuestionador de su realidad y su mundo, un auténtico revolucionario.

Otro personaje que siempre nos inquieta es el ángel caído: Luzbel. Una presencia que esta siempre entre los humanos y no hay religión que no tenga un dios o dioses y la(s) contraparte(s): el chamuco, satanás, el diablo, el maléfico, el rey de la oscuridad, el príncipe de los avernos –así se le llama en muchas obras literarias, pero también ahora deberíamos de preguntarnos quién es el rey de los avernos–, Satán, el demonio, lucifer, el maléfico y cerca de 56 sinónimos más que tiene este engendro del mal. Por eso es un libro sumamente importante, al menos para mí, la Historia del diablo. Siglos XII-XX de Robert Muchembled (FCE, México, 2002. 224 pp. Traducción de Federico Villegas. $175.00 aproximadamente), un estudio profundo y certero, señalando los miedos profundos e ideológicos que produce el príncipe de las tinieblas –quien representa al mal, al lado oscuro de nuestra realidad, la más genuina maldad– y sus repercusiones sociales, políticas y económicas en la mayoría de las sociedades de occidente (Europa, sobre todo; y su relación con las brujas, por ejemplo) y que además viene con una filmografía muy completa sobre el mismo y donde aparece representado el chamuco.

Edén de Tabasco vengo es una revista realizada por la Representación de ese estado en la Ciudad de México, la cual ya cumple cuatro años de existencia y de aparecer religiosamente cada mes, lo que no es cualquier cosa para una revista impresa. Animada por mi compañero de generación y gran amigo, el licenciado Óscar Cantón Zetina –Representante de Tabasco en la ciudad de México y miembro de una familia de periodistas que se remonta a su padre “El Chino” Cantón, reportero estrella de La Prensa durante muchos años, luego director del diario Rotativo, donde colaboramos asiduamente y por mucho tiempo, miembro de dos generaciones de periodistas que se iniciaron con su padre, como ya dijimos y luego sus hermanos quienes fueron reporteros y articulistas en Excélsior, Rotativo, Quehacer político y Tabasco Hoy, entre otras tantas publicaciones– y un equipo de colaboradores, pone en la tinta y en la imagen lo más representativo de ese bello estado de la República, resaltando sobre todo sus aspectos culturales, turísticos, culinarios y logros sociales y políticos que, para como están las cosas, no es poco. La verdad es que sí dan ganas de darse una vuelta por ese lugar que es lo más cercano al Edén: hay vegetación exuberante, vestigios arqueológicos, muchos ríos, mar, una amplia cultura culinaria, en pocas palabras, tiene todo. La revista, sin ninguna duda, es un lazo de unión entre todos los “chocos” –gentilicio de los tabasqueños– que habitan la Ciudad de México.

dosfilos es otra revista que siempre llega puntual y con buen contenido, es la decana de las revistas culturales de la República Mexicana, con ya casi treinta y tantos años, casi  cuarenta de existencia, animada por el poeta José de Jesús Sampedro, y ahora en su número 133, correspondiente a enero-marzo de 2017, tiene varios textos, artículos y materiales que son sobresalientes. El primero, porque nunca me lo pierdo y disfruto mucho de sus textos irónicos y frescos es el de Jesús de León ahora con “La venganza de Huitzilopochtli” (pág. 44); viene una entrevista radiofónica con un jefe de jefes de los Movimientos Literarios de Vanguardia: Tristán Tzara, debida a Louis-Albert Zbinden: “Tzara y Dadá”, a quien muchos le debemos mucho (pág. 5, traducción, transcripción y notas de Daniel de la Rosa Gómez y Gustavo de la Rosa Muruato); el recién fallecido Fernando Tola de Habich sigue con su ensayos-artículos sobre “Vampiros. Una mirada ortodoxa”, segundo y último texto, los cuales han sido sumamente ilustrativos y apoyan algunas de las ideas que tenemos sobre la Literatura Gótica (pág. 19); Gerardo Sampedro presenta un fragmento de su novela Cuaderno de Alzheimer, título y fragmento que irremediablemente me lleva a pensar en los últimos años de mi querido maestro Gustavo Sainz, la cual ya anda circulando bajo del sello de Ediciones B; y nuestro querido amigo “el niño viejo” –así le decimos de cariño–, Alejandro Toledo, “Instantáneas de la beatlemanía” (pág. 11) y sigue la larga lista de buenos y mejores colaboradores como Marco Antonio Campos, Maritza M. Buendía, Gonzalo Lizardo, Alain Derbez, Armando Adame y varios más, los cuales logran un contenido digno de una lectura concentrada y lúdica. Su precio es de $60 pesos y para suscripciones y envío de colaboraciones: Callejón del Capulín 202, Colonia Centro, Zacatecas, Zac. CP 98000. Si la adquieren, no se van a arrepentir.

Decíamos en algún número anterior que Marcial Fernández, mi editor y amigo, sigue su impecable e implacable labor con su sello de Editorial Ficticia, el cual sigue publicando títulos sumamente interesantes a los que vale la pena asomarse, detenerse en ellos y con ellos, leerlos con atención y curia. Ese sería el caso de dos de sus libros que acabo de terminar de leer: Eros y Afrodita en la minificción de Diana Grijalva (Antologadora) (precio aprox. $280.00) y Los pigmeos vuelven a casa de Agustín Monreal (precio aprox. $240.00), ambos de suyo interesantes, aunque el primero me lleva a una profunda reflexión después de su lectura, ya que en el abundan los cuentos lésbicos y gays: los bugas ya somos minoría -y que conste que no soy prejuicioso ni fijado-, pero el libro tiene más de un 30 o 40 % las minificciones de esa tendencia, cuando antes eran como chispazos, y lo malo es que se repiten demasiado los argumentos: son lesbianas las escritoras pero no son talentosas, o al menos les falta ingenio, por lo que eros y afrodita salen mal parados; mientras que el volumen de Agustín Monreal, que tiene como personaje al propio Agustín Monreal, también hay cuentos de ese talante, pero escasos y eso sí llenos de ingenio, muchísima ironía y otro tanto de sapiencia, con historias disparatadas pero también verosímiles. Dos libros que vale mucho la pena leer. Por cierto vi a mí querido maestro Monreal en el velorio de otro querido maestro: Raúl Renán.

Otros dos libros de Editorial Ficticia que no puedo dejar de señalar, porque los disfruté mucho, es Minificciones de Ana María Shua (aprox. $180.00); la verdad es que creo que es una de las jefas de jefas de la minificción, aunque no vienen muchos de sus textos que son, así lo creo, representativos y consagratorios, de auténtica antología como “Naufragio”, y otro de y sobre “Caperucita Roja”, que puedo decir, sin temor a equivocarme, son obras maestras del cuento jíbaro. El otro volumen es Pequeño Pushkin y otras historias. Antología Personal del querido amigo Mauricio Carrera ($240. 00), donde demuestra su dominio narrativo y del lenguaje, con historias contundentes y redondas, como la que le da nombre al libro, además de “Las vacaciones en el Libertad del zurdo Barrenechea” –impresionante y conmovedor–, “Marilyn Monroe y otros familiares” –delirante– y “Las hermanas Marx” –divertido–, entre tantas otras historias jocosas y llenas de un contenido propositivo, como debe ser.

Pensé que era inmortal, pero no: murió José Luis Cuevas (03/ 06/ 2017) e inmediatamente comenzaron a salir muchos de sus viudos y viudas, quien más quien menos subió portadas con ilustraciones que él les hizo, fotos donde estaban a su vera, etcétera. Yo sólo quiero señalar que lo conocí desde los años setenta, gracias a Gustavo Sainz, y luego por la revista Su Otro Yo , donde la gran fotógrafa Paulina Lavista –José Luis Martínez dice que era Daisy Acher y la revista era Diva (sic) –, además esposa de Salvador Elizondo, realizó un excelente reportaje grá co con el pintor y Rossy Mendoza, en el estudio del primero, el cual tuvo mucho éxito, porque ahí se juntó a una vedette muy conocida por los mecánicos y hojalateros –todos tenían fotos de ella en su taller– y un icono de las Artes Plásticas Mexicanas, reunión que le llamó mucho la atención a Huberto Bátis, coordinado del suplemento “Sábado” del viejo unomásuno, por lo que nos pidió que le presentáramos al director de la revista, el jefe Vicente Ortega Colunga, cosa que hicimos y fue muy provechosa la reunión para ambas partes. Al maestro Cuevas le vi actos de generosidad grandiosos y poco frecuentes en un tipo de su calibre, pero que él los hacía con naturalidad. Por cierto, la Casa de Cultura de Tepeji del Río, Hidalgo, lleva su nombre, precisamente porque él colaboró y apoyó con mucho gusto a la creación de ese espacio.

Luego de la muerte de este polémico artista plástico, fallecieron casi como en cascada la investigadora, crítica de arte y universitaria ejemplar la maestra Ida Rodríguez Prampolini; el gran caricaturista y creador de inquietudes intelectuales con sus publicaciones – La panza es primero, Marx para principiantes, etcétera–, dibujos y caricaturas – Los supermachos, Los agachados – Eduardo del Río “Rius” (1934-2017); y el querido Jaime Avilés (1954-2017), quien fue uno de los principales impulsores de los cronistas de mi generación, al abrirnos espacio generosamente en el viejo unomásuno, durante mucho tiempo, además autor de varios libros memorables, entre ellos La rebelión de los maniquíes, si mal no recuerdo publicado por Grijalbo. También por esos días falleció el querido amigo y poeta colimense Víctor Manuel Cárdenas (1952-2017); y de la misma forma lamentamos el deceso del maestro Ramón Xirau, el pasado 26 de julio, quien fue poeta, lósofo y profesor universitario (miembro del Colegio Nacional, la Academia de la Lengua y catedrático de la UNAM y el Colegio de México), quien impulsó desde la revista Diálogos a muchos jóvenes poetas y escritores. Mucha gente buena que se va y muchos políticos malos y pésimos que se quedan y siguen haciendo daño a la sociedad, a la nación, al mundo.

Y ya casi a punto de cerrar esta sección, me avisan que se murió el escritor Poli Delano, el once de agosto, nacido en Chile y buen amigo, con quien convivimos sobre todo en “La Casa de Chile” en la Ciudad de México –a la vera de Armando Cassigolli, gran amigo y escritor, quien nos enseñó a beber vinos–. Delano vivió mucho tiempo entre nosotros, coordinó algunos talleres literarios y formó a muchos escritores, ahora ya famosos. Una de sus novelas memorables es En este lugar sagrado (Ed. Grijalbo), la cual tuvo mucho éxito en nuestro país.

Ahora una buena noticia, porque lo bueno también cuenta y cuenta mucho, según el slogan mentiroso y falaz del pésimo gobierno de EPN, y ésta es que José Agustín cumplió 73 fructíferos años el pasado 18 de agosto y, por las fotos que vemos, muy recuperado, con buen talante y presencia. El querido Gerardo de Torre y él, creo, son los últimos sobrevivientes de una de la generaciones más creativas que se ha dado en la Literatura Mexicana Contemporánea: “La Onda”, y aunque Josefo no se asume y se niega como parte de tal, las condiciones objetiva de la época y de los espacios, las inquietudes literarias y políticas, ahí lo ubican, teniendo como maestros de una y otra cosa al gran Juan José Arreola y al gran José Revueltas. Un estudio sólido sobre los escritores de “La Onda” y no sólo de esa generación sino de esos años, lo realizó como tesis de licenciatura y de la cual fui su director la maestra Josefina García Paredes, Los herederos de la promesa. La corriente narrativa de “La Onda” (1964-1971) (Ed. Cofradía de Coyotes) y posteriormente publicado, al cual le hice el prólogo. Un libro que pone concienzudamente los puntos sobre la íes de esa generación que creció con la mariguana, el rock, el amor libre y el compromiso político y social, pero también la represión, entre otros elementos que se dieron dentro sus provechosas vida. Hay dos autores de esta generación que me dolieron mucho: Gustavo Saínz y René Avilés Fabila. Por fortuna siguen con nosotros los otros dos maestros arriba mencionados y ojalá lo sea por mucho tiempo, porque siempre aprendemos de ellos y de sus obras.

Mi querido amigo y poeta Mario Islasáinz es un sujeto loco, necio, provocador y testarudo, esos no son sus defectos sino algunas de sus muchas virtudes y por eso se echó a cuestas, hace exactamente 25 años, el fundar la Editorial “Letras de Pasto Verde” en honor al gran Parménides García Saldaña, y ahí sigue tan campante –como whisky escocés–, publicando y publicando. Recién tenemos a la mano algunos ejemplares de esa empeñosa casa editora: Materialismo histórico de Sergio García Díaz (nacido el 11 de junio de 1962), Salivar el tiempo de Rolando Rosas Galicia y Ret(R)azos de quien esto escribe, entre otros tantos títulos publicados. “Letras de Pasto Verde” no son ediciones mafufas ni mucho menos, son ediciones bien elaboradas y muy dignas, y según nuestro editor, ya va para los 1600 títulos. Si, leyeron bien: mil seiscientos títulos, lo cual no es cualquier cosa. Felicidades al poeta Islasáinz y su inconmensurable labor editorial realizada en la antes Pluviosilla y ahora ciudad de Orizaba, Veracruz.

Eduardo Villegas y la Cofradía de Coyotes es otro editor que también no canta mal las rancheras en el terreno editorial. Ahora comienza una colección que se llama “Coyotín de la Coyotera”, la cual consiste en cuentos infantiles para que los niños los iluminen, los coloreen. Ya hay dos títulos hasta el momento: el primero de mi paisano Jorge Antonio García Pérez titulado El papá de Félix –un emotivo relato donde se muestra el gran afecto de un padre por su hijo y existe una relación con la lectura– y Natalia, la niña que no dormía de Esmeralda Vela. Pero además ya llegó al ejemplar número 136 de títulos publicados en la Cofradía de Coyotes con Respirando por la herida. Antología de Cuentos, el cual es una recopilación debida al propio Eduardo, Rolando Rosas Galicia y quien esto escribe, con prólogo del propio editor. Sin ninguna duda Marcial Fernández, Mario Islasáinz y el Coyote Mayor merecen nuestro aplauso, reconocimiento, así como todo nuestro apoyo y simpatía por su incansable labor editorial.

Por lo pronto el Coyote Mayor celebró diez años de la Cofradía, con una espléndida comida en el Centro Cultural Ahuehuete del Sindicato de Trabajadores Académicos de la Universidad Autónoma Chapingo, donde hubo platillos mexicanos tradicionales –riquísimos, sobre todo la barbacoa– y al final el tradicional pastel con un muy buen café. Varios de los escritores publicados estuvieron presentes, entre ellos Miguel Ángel Leal Menchaca, Hugo César Moreno, Miriam Córdova y nuestro querido Rolando Rosas Galicia, además de nuestro director fundador de Molino de Letras. Moisés Zurita Zafra, aunque faltó nuestro decano cófrade físicamente, Gonzalo Martré, pero mandó su divertida e hilarante novela La película, con la que conmemora sus 50 años de escritor y 89 años de fructífera vida, otros dos de los motivos de la susodicha comida y para reunirnos.

El Instituto de Educación Media Superior de la Ciudad de México celebró su II Coloquio de Lengua y Literatura en el plantel José Revueltas, ubicado a un costado de la Cámara de Diputados, y en dicho acto se presentaron ponencias magistrales, mesas redondas y varios libros entre ellos Por el camellón del viejo puente (poemas, Universidad Autónoma del Estado de Morelos-Eternos Malabares, México, 2013. 58 pp. Prólogo de Maribel Urbina) y Sombra (poemas, Ed. Eterno Malabares, México, 2010. 52 pp.) ambos de Alejandro Campos Oliver; el libro colectivo que en realidad son dos en un solo volumen: Sade. Un homenaje de autores mexicanos (48 pp.) y Poe. Un homenaje de autores mexicanos (48 pp.) (Ed. La sangre de las musas-Fundación Cultural Pascual, México, 2016), donde participan varios jóvenes escritores, algunos de ellos egresados del IEMS y entre los que sobresalen Raúl Almaguer Ávila e Iván Vargas; también se presentó el volumen Respirando por la herida. Cuentos, recopilación debida a Eduardo Villegas Guevara, Rolando Rosas Galicia y quien esto escribe, donde se cuenta con la participación de la maestra Rocío Osorno Hernández, quien es Docente-Tutor-Investigador de dicha institución. Y ahí mismo, entre los libros que estuvieron a la venta, me encontré Normandía (Ed. ameicah, México, 2016. 48 pp. Prólogo de Jorge Aguilera López) del querido maestro y amigo Raúl Renán –por cierto, con una gran errata en la contraportada: dice que RR nació el 2 de marzo, cuando su fecha de nacimiento es el 2 de febrero– y ahí me obsequiaron otros dos títulos: Lo escencial (sic) –si es de escenario está bien escrito y si es de esencia es una errata– de la vida sólo es visible al corazón. Memorias de las V Jornadas Internacionales de Arte y Humanidades , compilación de Alejandro Campos Oliver, María Mónica Ramírez y Alan Saint Martin (Ed. UAEM Facultad de Arquitectura- AMEICAH-SUTIEMS, México, 2015. 102 pp.) y Conversatorias. Entrevistas a poetas mexicanos nacidos en los 50, Coordinador: Ricardo Venegas (Ed. INBA-Conaculta-Eternos Malabares, México, 2013. 480 pp. Prólogo de Hugo Gutiérrez Vega). Por cierto, en dicho Coloquio participé con una ponencia titulada “José Emilio Pacheco y sus heterónimos”.

En ese mismo II Coloquio presenté el libro de poemas Por el camellón del viejo puente de Alejandro Campos Oliver, citado y fichado líneas arriba, del cual señalé que “la relación entre los poetas y la ciudad es vieja y sincera, casi una unión matrimonial. En ese maridaje se da una visión que tiene qué ver con la infraestructura y con la súper estructura, las cuales son indisolubles y sólidas. El poeta autor de este libro se afianza y se desprende de la tradición y la ruptura –y no en ese orden– que proponía Guillermo de Torre como elementos de Las Vanguardias Literarias. Y me explico: muchos escritores y poetas se apropian y expropian a una ciudad. Yonapatakwa de William Faulkner, Santa María de Juan Carlos Onetti, son ciudades imaginarias que estos dos autores ponen en el mapa de la realidad y la literatura; Juan José Arreola en su novela La Feria escribe de y sobre Zapotlán El Grande, ahora Ciudad Guzmán; mientras que Jorge Luis Borges hace muy suya a la ciudad de Buenos Aires. Los primeros dos crean una ciudad muy personal con los atributos que ellos le quieren dar; los otros dos se apropian de ciudades que ya están hechas, que están ahí, pero todos “se imaginan” finalmente a esas urbes y las recrean de manera muy personal. Así también Campos Oliver nos describe cosas y circunstancias que son y no son la ciudad –diríamos que cualquier ciudad–, pero a la vez es lo que él observa e imagina, vive, disfruta y sufre, es un todo presente en medio de la urbe. Constantino Cavafis lo decía muy bien en su poema “La ciudad”: por más que te alejes de ella, por más que pienses que ya no estás en ella, seguirás cargándola, porque tú puedes dejar la ciudad pero la ciudad nunca te dejará a ti, siempre irá contigo. En este libro están presentes la evocación –la historia– y la invocación –el deseo–, quienes hacen que el poeta se preocupe por lo que ve y siente, para que el poema demuestre lo que es y lo que no es la ciudad. Los poetas que le cantan a la ciudad, adquieren un compromiso de hecho y de derecho, como en un matrimonio, donde se declara el amor y en ocasiones también el odio sin disolver la unión y, como lo hizo Efraín Huerta en sus memorables “Declaraciones” de odio y amor a la ciudad de México. En este libro se encuentra esta relación ambigua que finalmente es el encuentro consigo mismo, porque la ciudad y el poeta son una unidad espacio temporal indisoluble: sin uno no existe la otra y sin la otra no hay quien le cante a sus horrores y a sus bellezas. Y eso hace Campos Oliver en este volumen”.

Sergio García Díaz fue uno de los ponentes en este coloquio y disertó sobre “El cuento corto y los haikús” y como lo señalamos líneas arriba publicó Materialismo histórico (Letras de Pasto Verde, 2017. 34 pp.) donde lanza diatribas y señala puntos cruciales en el desarrollo de nosotros como humanidad; Salir de la caverna (de cómo Claudia transmutó en Amaterasu) un libro de efervescencia anímica y amorosa, además de otro, Amor, textos de él y dibujos de Omar SM, el cual es un canto al sexo y a la carne, sin ataduras ni desdoblamientos. Bien por el autor que publica desde la hermana ciudad de Nezayork.

En La niña Arcoíris Cerezahada y sus microcuentos (Ed. La luna negra, México, 2016. 58 pp. Costo aprox. $60.00) de Edgar Escobedo Quijano, comienza jugando con el nombre de la mítica relatora de Las mil y una noches, Scheresada, y la de una niña quien es la que nos contará las historias. El autor vuelve a mostrar su talento narrativo dándonos historias breves y sustanciosas, llenas de fantasía, humor y desparpajo. Siempre he dicho, siguiendo al maestro Bruno Bettelheim, que no existe la llamada literatura “infantil” sino la literatura, y eso de crear cuentos para niños es tan difícil como hacerlo para adultos; sin embargo nuestro autor tiene una veta para proponer historias inverosímiles y atrayentes, fantasiosas pero reales, que atrapan a los lectores adultos o niños, aunque creo que más a los primeros, quienes seguramente les leerán en voz alta las narraciones a los segundos. El volumen ilustrado y a todo color, se encuentra en las librerías “Gandhi”y las de “El Sótano”. Los niños y los adultos disfrutaran estas historias del también autor de La muñeca del arcoiris (Ed. Cofradía de Coyotes) y de muchos otros libros fantasiosos y divertidos.

El poemario Inmutable de Jorge Hernández (Laberinto Ediciones, México, 2015. 112 pág. Serie Poetas, $100.00 aprox.), es un libro bien diseñado y pulcro, con poemas que cumplen con un cometido: deleitar y conmover. La contraportada de mi querido amigo y maestro Roberto López Moreno lo dice todo sobre el contenido: “Este es un libro de intenso amor Lo de no como espiral que me alegra la pupila en fucilares de júbilo al mismo tiempo que la hiere profundamente (también la luz hiende). Porque esto es la poesía, esto es a lo que nalmente la poesía le llama la vida. Abro el libro, unidad de papel, tinta y milagros”. Sin más comentarios y hay que leerlo con atención.

Se quedan sobre nuestra mesa varios libros de suyo interesantes: Teoría y didáctica del género terror de Jaime Ricardo Reyes (Cooperativa Editorial del Magisterio, Colombia, 2007. 206 pp. ¡Un librazo!); Los 43. Antología Literaria (Ediciones de Los Bastardos de la Uva, México, 2015. 190 pp.) de Eusebio Rubalcaba y Jorge Arturo Borja –compiladores– y Ricardo Lugo Viñas –editor–; Don quijote ¿muere cuerdo? y otras cuestiones cervantinas (Fondo de Cultura Económica $85.00) de Margit Frenk; El viaje que nunca termina. La narrativa de Malcolm Lowry (Fondo de Cultura Económica $175.00) de la canadiense Sherrill E. Grace; Los muertos no cuentan cuentos. Antología de narrativa joven del Estado de México de José Luis Herrera Arciniega (antologador) y otra gran cantidad de libros mágicos y maravillosos que, por fortuna, aparecen en un país de no lectores, empezando por ciudadano presidente de la República y todos sus secretarios, cuyo lema es “Joder a México” ¡Ver para creer!

Y por cierto desde estas páginas, reitero mi apoyo al Sindicato Mexicano de Electricistas y a los trabajadores de Mexicana de Aviación, porque les asiste la razón, y repudio las políticas antipopulares, rapaces y mezquinas del Estado Mexicano: ¡No a la nueva Ley Laboral, a la Reforma Educativa y Energética!, ¡la Patria no se vende!, ¡no a la privatización de la energía eléctrica y del petróleo! Igual sigue mi protesta por la desaparición de los 43 normalistas de la Normal de Ayotzinapa, Gro. ¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos! y no a la represión institucional contra los maestro.

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Nació en Ixmiquilpan, Hgo., en 1953, es egresado de la FCPyS de la UNAM. Sus más recientes trabajos se han publicado en: De Neza York a Nueva York. From Neza York to New York. Una antología de poesía de la Ciudad de México y la Ciudad de Nueva York. A bilingual anthology of the poetry of Mexico City and New York City (antología, Ed. Cofradía de Coyotes, México, 2015. 220 pp), Escobas de fuego (Historias de brujas), (antología, Ed. Cofradía de Coyotes, México, 2016. 126 pp.), Ret(r)azos (Cuadernos de Pasto verde, Orizaba, 2017. 34 pp.), Amores chapingueros (antología, Ed. Cofradía de Coyotes, México, 2016. 126 pp.) y Respirando por la herida (Ed. Cofradía de Coyotes, México, 2016. 94 pp.)