8 de octubre de 1918. Saturnino Efrén de Jesús Herrán Guinchard

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Maestro de la pintura mexicana, Saturnino Herrán nació en Aguascalientes el  9 de julio de 1887, donde hizo sus primeros estudios y descubrió su vocación.

Su padre fue un hombre polifacético, quien fungió como Tesorero General del Estado de Aguascalientes, pero al mismo tiempo era profesor de Teneduría de Libros en el Instituto de Ciencias de Aguascalientes. Asimismo, Don José se caracterizaba por ser un inventor y literato espontáneo; parte de su tiempo la invertía construyendo artilugios mecánicos, los cuales no tuvieron suficiente éxito.

Aunque sólo vivió 31 años, creó algunas de las obras plásticas más reconocidas del arte mexicano, como La leyenda de los volcanesTehuanaLa criolla del mantónEl cofrade de San MiguelNuestros dioses, entre otras.

Saturnino Herrán pintó sobre todo temas indígenas, pero también trabajadores, bonitas muchachas, ancianos y retratos de amigos y clientes. Su buen amigo, el gran poeta Ramón López Velarde, lo describió como “El más mexicano de los pintores y el más pintor de los mexicanos”.

En la última etapa de la Revolución Mexicana, la más complicada para el país, Herrán sobrevivía realizando ilustraciones y viñetas para libros y revistas, así como con las clases que impartía en la Escuela Nacional de Bellas Artes.

Padecía un mal gástrico que le impedía digerir alimentos, aunque fue operado, murió a los 31 años en un hospital de la Ciudad de México, un 8 de octubre de 1918.

Fue tal su aporte a la pintura mexicana, que en 1988, el entonces presidente Miguel de la Madrid promulgó un decreto que catalogó la obra de Saturnino Herrán como monumento artístico y patrimonio cultural de los mexicanos.

Parte de sus obras.

La criolla del reboso, 1916. Saturnino Herrán. Imagen usada sin fines de lucro.

 

Mujer con calabaza,1917. Saturnino Herrán. Imagen usada sin fines de lucro.

 

La leyenda de los volcanes,1910. Saturnino Herrán. Imagen usada sin fines de lucro.

 

La cosecha, 1909. Saturnino Herrán. Imagen usada sin fines de lucro.

 

El quetzal, 1917. Saturnino Herrán. Imagen usada sin fines de lucro.

 

El quetzal sería la contraparte a la serie de Las criollas, tanto por la figura masculina, como por el motivo indigenista que, sin embargo, está representado desde un estatuto clásico, mezclando motivos indígenas con mitológicos, al pintarlo a manera de sátiro. Aquí Herrán parecía seguir los lineamientos de Manuel Gamio en su libro Forjando patria (1916) en el que señala que había que “’indianizar’ el arte europeo al tiempo que se ‘europeizaba’ al autóctono.

Dato curioso: la obra maestra de Herrán es el tríptico ‘Nuestros dioses’ en el Teatro Nacional, hoy Palacio de Bellas Artes.