Belleza indescriptible

Recuerdo el día que estuve ahí y vuelvo a transportarme a ese lugar maravilloso, sin duda ha sido una de las mejores experiencias que he tenido. Pienso que mejor sitio no pude haber encontrado ese día, pues visitar los manantiales de San Jerónimo, pueblo que se ubica en Texcoco, Estado de México, es reconfortante en verdad.

Sería una locura no recomendarlo a todas aquellas personas que quieran sentirse en contacto con la naturaleza nuevamente.

Sabemos que en la actualidad vivimos para realizar distintas actividades, las cuales nos llevan a cumplir una rutina cotidiana y no tenemos tiempo de disfrutar lo realmente bueno que nos proporciona la naturaleza. Pero, de vez en cuando, no está mal poner una pequeña pausa. Exactamente fue eso lo que me sucedió.

Un día cualquiera, y sin darme cuenta, llegue a “Los manantiales”; juro que fue perfecto, y sin exagerar, confieso que desde el momento en que baje del autobús y me dispuse a poner los pies en San Jerónimo, logré sentir una paz interior en cada respirar del aire puro y natural.

Es casi indescriptible para mí esa sensación que se adquiere enseguida, la de pertenecer a los árboles, al agua, a la tierra, al cielo y a cada partícula que viaja en el aire; de pertenecer a un planeta tan increíble y hermoso.

Aunque de igual forma  me parece bien mencionar que no solo el medio es formidable, sino también las personas que en el habitan, pues la gente ahí es amable, sencilla y solidaria. Han sido capaces de conservar  y cuidar una de las pocas áreas verdes que aún existen en Texcoco y eso sinceramente es de reconocerse.

Me llena de alegría saber que aún en nuestros tiempos existen pueblos enriquecidos con este tipo de cultura. Y me doy cuenta que no solo es labor de los pueblerinos cuidar la tierra que se les ha otorgado, sino de “todos” como mexicanos.

Creo que no son las palabras más precisas para describir San Jerónimo, pero al menos sí, para crear curiosidad.