Eusebio (1951-2017)

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Sería muy sencillo escribir sobre las aventuras que compartimos y las veces que hemos bebido juntos. Pero no, aquí quiero hablar del amigo entrañable, del melómano, del escritor neto y verdadero que fue y es Eusebio.

Y ni siquiera le pongo los apellidos porque él es el más conocido de todos los Eusebios. Hubo un Papa que nadie supo qué hizo ni por qué lo hizo, antes un padre de la Iglesia, cuando de verdad era cristiana, que recibió el título de santo, cargo tan honorífico como ahora es decir que eres presidente legal de la República..

Dije que quiero hablar del amigo entrañable porque nunca antepone lo suyo a lo de los demás cófrades, porque es honesto consigo mismo y con los otros que le rodean. Por eso cuando nos vemos -por desgracia muy espaciadamente- es como si nos acabáramos de despedir, eso forma lo entrañable y que conste que me une a él una amistad que tiene qué ver con los Quirarte -lo más seguro es que haya sido Vicente quien nos hizo coincidir en algún lugar-, y de esto hablo del principio de los años setenta, cuando éramos “jóvenes promesas literarias” y ahora somos “tristes realidades”, lo que significan ya casi 50 años de trato cordial que se dice fácil pero no lo es así. ¿Cuántos amigos entrañables se han quedado en el camino y ahora  ya no son ni entrañable ni amigos? A los amigos uno los escoge y por eso para bien o para mal, en la buenas o en las malas, Eusebio es mi amigo. Y se me llena la boca de orgullo al decir y escribir esto.

El melómano siempre me conmueve porque no da datos o cifras sino que nos señala sus emociones y las emociones se comparten, se transmiten, se viven. Las emociones nunca están de moda, no se venden, no se empeñan pero sí se viven y se sienten, tienen qué ver con los sentidos, con los sentimientos, con las pasiones y en sus textos de música, Eusebio, me transmite la vivencia de un sentir que emociona y conmueve. Por eso comparto con él su gusto por Johann Sebastian Bach, por Mozart, y por algunos intérpretes que, al igual que él, nos transmiten la emoción de lo que tocan porque lo están disfrutando.

Me molestan mucho ciertas modas inducidas, como leer a Milan Kundera, por ejemplo, sobre todo en la literatura. Amparados en lo que ellos han llamado la “Contracultura”, varios sujetos pusieron de moda andar drogados y ebrios, cuando los escritores que hacemos uso de esos “paraísos artificiales”, sabemos que son dos cosas distintas y que en muchas ocasiones no deben de mezclarse, como con el volante, por ejemplo. Y entonces surgió el nombre de Charles Bukowski y vinieron docenas de ebrios que se decían escritores, cuando los escritores que somos ebrios honramos nuestro trabajo, como lo hacía Bukowski. A éste lo conocí en un tugurio infame a un lado de la Universidad del Sur de California en Los Ángeles, un barrio chicano que antes había sido de negros, sabía que era Chinanski pero no me le acerqué de sopetón, porque todos tenemos derecho a beber solos en un tugurio, sin la presencia de un admirador o gorrón, que nunca faltan. A la segunda o tercera ginebra de él y segunda o tercera mía, se pudo establecer un diálogo pero no de literatura sino de borrachos, quienes se golpeaban constantemente los codos en la mesa -vean los codos de una persona: si los tiene boludos, golpeados, es un ebrio de cantina y se instala siempre en la barra, o es portero de fútbol, no hay de otra-. ¿Se trataba de sacar algo en claro con Bukowski? No, sencillamente era emborracharse juntos, como lo hicimos y cuando pensamos que ya estábamos como queríamos, cada quien agarró por su lado.

Así lo he hecho con Eusebio, pero la diferencia es que beber con él es otra cosa: nunca hablamos de literatura, por ejemplo, pero si recordamos ciertos momentos o circunstancias que han sido cómicas, trágicas o felices, porque tenemos muchos amigos comunes, muchas experiencias parecidas, muchas vivencias compartidas.

Si me dieran a escoger a quién respeto más como escritor entre Bukowski  y Eusebio -cosa que nadie haría en su sano juicio-, no lo dudaría: me quedo con Eusebio, quien siempre me contagia sus emociones, su amor a la música, sus ansias vitales y, además, escribe en español, por lo que no hay que esperar a que lo traduzcan para leerlo.

Que los “snobs” y “mamolucos” se queden con Bukowski, yo me quedo y soy fiel lector de mi amigo Eusebio que ahora ya bebe en el otro lado. ¡Salud!

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Nació en Ixmiquilpan, Hgo., en 1953, es egresado de la FCPyS de la UNAM. Sus más recientes trabajos se han publicado en: De Neza York a Nueva York. From Neza York to New York. Una antología de poesía de la Ciudad de México y la Ciudad de Nueva York. A bilingual anthology of the poetry of Mexico City and New York City (antología, Ed. Cofradía de Coyotes, México, 2015. 220 pp), Escobas de fuego (Historias de brujas), (antología, Ed. Cofradía de Coyotes, México, 2016. 126 pp.), Ret(r)azos (Cuadernos de Pasto verde, Orizaba, 2017. 34 pp.), Amores chapingueros (antología, Ed. Cofradía de Coyotes, México, 2016. 126 pp.) y Respirando por la herida (Ed. Cofradía de Coyotes, México, 2016. 94 pp.)