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Eusebio: un escritor de verdad, Magaña dixit

Conocí a Eusebio Ruvalcaba cuando era un prometedor dramaturgo. Inició bien por el camino de los grandes dramaturgos y en aquellos años de la juventud, obtuvo el Premio Punto de Partida de Teatro, estoy hablando de 1978 y de una obra que se llama Bienvenido, papá. Sí, este cuentista y novelista y poeta y tallerista y profesor y gran amigo, era una pluma muy afinada para plasmar diálogos. No está bien que lo diga yo, quien siempre he estado embrujado por el género dramático, pero Eusebio tiene unas obras que muchos grupos teatrales podrían escenificar con gran provecho. No hay duda en calificarlo como un buen dramaturgo, se lo dijo Sergio Magaña. Sí, el elogio viene del genial autor de Moctezuma II, Los signos del zodiaco y de tantos dramas inconmensurables, pues mientras que otros dramaturgos escriben nueve obras en un año y se olvidan en un mes, Magaña nos dejó historias perennes. Eusebio Ruvalcaba recibió una invitación para comer del maestro Magaña y se vieron en la entrada de las oficinas de Editores Mexicanos Unidos, ahí en la calle de Luis González Obregón. Recordarán que hubo un periodo donde EMU sacó formidables libros de dramaturgia y teatro, gracias al tesón de don Emilio Carballido, quien convenció a la empresa de que la literatura dramática sí vendía. Así que Eusebio llegó puntual a la entrada de la editorial y ahí estaba el maestro, cosa que no resulta extraña, porque Magaña tenía una puntualidad de tipo inglés. Lo raro, me comentó Eusebio, es que don Sergio estaba vestido de traje. “No se sorprenda, querido Eusebio; siempre me visto con elegancia cuando voy a saludar a un verdadero escritor”. La emoción le impidió a Eusebio averiguar si se sentía orgulloso o apenado, pero sí me dijo que ha sido un momento inolvidable en su vida, la literaria y la otra. Ese hombre abominaba los tacuches y las corbatas, pero para rendir sus respetos a los jóvenes que estaban escribiendo con honestidad y con un compromiso absoluto para expresar su verdad, se vestía con sus mejores prendas. ¿Y tú, qué recuerdo tienes de Magaña? Me pregunta Eusebio, porque es un hombre que no arrebata la palabra, que ofrece la mesa para parlamentar, a diferencia de otros que se quedan con el micrófono invisible y comienzan a contar sus episodios ya tantas veces escuchados. Eusebio tiene mucho que recordar, mucho que contar y mucho que enseñarnos, pero sabe que la vida tiene un sentido justo y que los arrebatos son de personas de otra calaña. Yo estuve a punto de contar aquella tarde en que Sergio Magaña se subió a mi motocicleta y me tomó por la cintura y nos fuimos a pasear por esta larga y hermosa ciudad, en busca de una fiestecita de las que tampoco suelen faltar. Pero sólo hubiera sido un lindo cuento y en eso Eusebio era y sigue siendo el maestro. Así que me incliné por escuchar otras escenas de su amistad con Magaña, quien tantas cosas nos enseñó.

Eusebio bajo la luz de papá

Hice entrevistas, reportajes y semblanzas de algunos grandes artistas de nuestro país; para la revista educación artística (ea) del INBA. Tenía en mi lista de proyectos al violinista Higinio Ruvalcaba, de quien, secretamente, quería conocer su instrumento musical. Una larga y provechosa tarde Eusebio me prometió invitarme a su casa y conocer, por fin, el violín que tocaba su padre, pues cuando le pregunté por el paradero me confesó que estaba en su poder. Desde tiempo atrás don Higinio se había ganado mi admiración y ya tenía numerosas notas hemerográficas para realizar su semblanza, sólo que por ese tiempo el cenidim publicó su revista y dentro de los muchos artículos provechosos que venían en dicho ejemplar, aparecía una colaboración de Eusebio sobre su padre, la leí con emoción y, al finalizar, dije basta, quién mejor que su hijo, excelente escritor, para hablar de don Higinio Ruvalcaba, músico grande entre los grandes. Y, conste que México se pinta sólo para eso de tener talentos enormes. La invitación sigue en espera, pero es un grande placer que me he reservado en la vida. Ese primer escrito que le leía, me obligó a leer después una memoria formidable que le editó Conaculta y que siempre recomiendo con admiración y respeto, se titula Higinio Ruvalcaba, violinista. Una aproximación, allá por 2003. Por eso Eusebio disfruta la música, por eso sus poemas guardan gran musicalidad; porque en sus venas corre la sangre y la herencia musical de su papá. Así que nuestro amigo, no está bajo la sombra de su progenitor, sino bajo la enorme luminosidad que don Higinio heredo a sus hijos. Todavía recuerdo, por ejemplo, que en la portada de Con olor a Mozart uno de tantos poemarios, aparece una fragmento de una partitura de su compositor predilecto y si viajamos en auto y escuchamos Opus 94, puede decir sin titubear qué composición es, qué orquesta la toca, qué director y demás. A lo mejor está inventando todo y uno que nada sabe de la música selecta se queda callado asintiendo, pero conociendo a Eusebio sabemos que esas bromas nunca serán para sus amigos. Él se divierte de otra forma, por ejemplo, escribiendo de verdad.

Eusebio: una puerta de escape

Uno se asquea de los trabajos, pero resulta que no se puede renunciar a ellos porque hay unos gastos que de otra manera no podríamos solventar. Así que me encuentro en una oficina cumpliendo pequeñas labores burocráticas y soñando con un posible escape. Las horas van y vienen y uno no puede eludir la transformación del artista que creemos ser en un escuálido escritor de oficio. No hay otra opción más que cumplir con esas tareas; uno se concentra en la correspondencia, en los oficios, memos y demás papeleo que debemos elaborar en la dependencia. No hay salida, piensa uno y casi aceptamos nuestro destino. Aunque, claro, yo también preferiría no hacerlo. De repente, un trueque de existencia se avista: Emiliano Pérez Cruz me dice que le hable a Eusebio, que tiene un proyecto sensacional. Es una buena paga, te dan los boletos de ida y vuelta en avión, más los viáticos pertinentes para que recorras durante diez días el estado de Chiapas y realices una crónica. Le hablo al maestro, me explica todo y me dice, siempre amistoso, que le da mucho gusto que me sume al proyecto, ahí estará el mismo Emiliano Pérez Cruz; Josefina Estrada… Además, me recomienda la ruta “Tuxtla Gutiérrez, antiguo camino a Guatemala” Ni tardo ni perezoso digo que sí. En el trabajo me niegan el permiso, así que aprovecho para renunciar, en buenos planes aunque por dentro me voy mentando madres. El libro se llama Chiapas te extraño y ahí Eusebio conjuntó una lista de buenos escritores, cronistas, cuentista y un amanuense que quería escapar de la burocracia y a quien Ruvalcaba le brindó esa oportunidad. Gracias Emiliano, Gracias Eusebio, de todo corazón.

Ruvalcaba y los placeres del cuerpo

Eusebio es un gran lector, creo que de ninguna otra forma podría escribir sus maravillosas páginas. Creo que tampoco podría hacerlo sin escuchar música. Tiene un chiste personal con relación a esto, seguramente lo ha compartido con alguno de ustedes: Me dice que disfruta todo tipo de música, menos el rock. (Me duele, porque yo he intentado escapar del rock, pero esa música siempre va conmigo). Me aclara que lo ha intentado, pero cuando pone algo de eso en la radio, hasta su perro comienza a gruñir y, finalmente, abandona la sala de su casa. Así que ya podemos imaginar sus placeres: la literatura, donde sobresale su José Revueltas Por cierto, en uno de su cumpleaños le regalé un exquisito retrato de Revueltas que realizó Salvador Castañeda, son unos grabados geniales que aprendió a realizar mientras estuvo en la cárcel, y a quien pude comprárselo en abonos. Cuando Eusebio destapó el pequeño envoltorio y lo vio, me abrazó a punto de las lágrimas. Se lo comenté a Salvador Castañeda y también se emocionó por el gesto de Eusebio. Además de Revueltas, ama y disfruta la Música; citemos otra vez a Mozart, y dejemos a buen recaudo la memoria de su papá. Desde luego que también disfruta todas aquellas posibilidades que nuestro cuerpo ofrece. Y por eso quiero mencionar una charla que tuvimos en torno a Elías Nandino. Un día me encontró leyéndolo y presumiendo una de sus dedicatorias. Entonces, Eusebio me comentó aquella vez que lo visitó en su natal Cocula. Nandino le pidió que lo acompañara justo a la salida de un colegio. Ahí, nuestro amigo se quedó admirando el gusto que sentía don Elías al contemplar el caminar de los efebos. Regresaron a casa, siempre del brazo, y el poeta le dijo a nuestro narrador: “Abajo reina una absoluta frialdad, pero en el corazón sólo fuego hay”. Con otras palabras, claro está. Eso es lo que tiene Eusebio en su corazón: fuego. Y no desperdicia ninguna llamarada en quemar petates. Se le admira también, nos queda claro, porque es un tipo que sabe amar.

Eusebio bajo el polvo de Nezayork

Ahí estamos varios promotores culturales del municipio de Nezahualcóyotl. Valentín González Bautista obtiene la primera presidencia perredista y fundamos la Dirección de Cultura del municipio. No tenemos nada; improvisamos escritorios con tablones viejos, llevamos nuestras máquinas de escribir y entre los cuates cooperamos para comprar hojas blancas para tramitar oficios y dineros. Desde luego que seguimos soñando con llevar buena cultura y arte excelso a Nezayorck. De  inmediato, cuando nos dicen que tendremos algo de presupuesto, pensamos en invitar al escritor Eusebio Ruvalcaba. Es nuestro amigo, pero además lo hemos visto leer sus poemas y conversar con un retrato de Silvestre Revueltas, aunque unos dicen que con José Revueltas y otros que con su papá, porque la fama de esa mesa, en torno a una cantina, se vuelve amena, divertida, y educativa. Total que presentamos el proyecto y el presi dice que adelante. Organizamos la fecha en el Auditorio Alfredo del Mazo, hacemos un reconocimiento de cristal para Eusebio en agradecimiento por su charla, lectura, recital y, sobre todo, por su amistad. El escritor cumple con creces y todavía quiere gastarse sus modestos honorarios con nosotros. Eso sí que no. Ana Luisa Calvillo, la directora, y algunos de nosotros hacemos la coperacha para atender al maestro Ruvalcaba, que se dio un rol por estos lares, donde muchos se quedaron sorprendidos por la forma tan peculiar de hacer literatura. Salud por el polvo que te llevaste de nuestro terruño. Emiliano Pérez Cruz ha escrito y dicho sobre esta etapa cultural del municipio que “Fue horrible, fue horrible” en parodia de la televisión. Pues, sí lo fue. Pero cuando recuerdo la charla de Eusebio Ruvalcaba, digo que algunas cosas salieron chingonamente y que la buena literatura sí existe. Después invitamos al poeta Rolando Rosas, programamos a Real de catorce y tantas cosas buenas que valió la pena tratar de profesionalizar el rollo cultural.

Eusebio Ruvalcaba: el garrotazo cortés

Ahí estamos con Eusebio, en el Centro Cultural Estación Indianillas. Es una reunión para los coordinadores de los Libro-Clubs de la Ciudad de México. Comenzamos la charla ante más de doscientas personas. Eusebio saluda a todos y comenta que le da gusto estar al lado de Eddy Tenis Boy otra vez, porque son pocas las ocasiones donde hemos coincidido públicamente. Aunque en torno de una cantina lo hemos hecho muchas veces. Siempre con muy pocas personas. En realidad dos o tres amigos no más. Escuchamos el porqué escribe Eusebio y por qué no ha dejado de hacerlo. Las preguntas van y viene y no tarda en salir el promotor que comienza su intervención citando a Platón. Todos nos reímos por su petulancia. Ruvalcaba lo escucha, responde su cuestionamiento y con gran cortesía le dice que tenemos que leer, pero no para apantallar a nadie con sus alharacas. En otra intervención nos señala que no debemos hacer risas al lector caído. Tiene razón, en muchos de nuestros comentarios, retomamos sus decires para echar cotorreo. Yo me disculpo y los demás voltean a ver al promotor, quien nos ha perdonado de alguna forma, porque a no querer su petulancia se volvió parte de la charla aquella tarde. Ahí anda Eusebio, como aquella vez, incitándonos a leer, pero también sugiriendo que tiremos por la borda cualquier dejo de petulancia que se nos suba al espíritu. Tira garrotazos, yo le he visto varias veces, pero lo hace con tal cortesía, que el chipote puede lucirse como un diamante en una fiesta de gala.

EUSEBIO RUVALCABA: TODO EN PETIT COMITÉ

El trago y la buena comida siempre suele ser a lado de poquísimos amigos. A Eusebio le desagradan las mesas concurridas. Es que luego sale cada pelafustán y diva que despotrica contra todos y contra todo y a Eusebio no le gusta eso, prefiere el trago tranquilo y placentero. La charla moderada y equitativa. A veces sólo come con Miguel Ángel Leal Menchaca, este gran cuentista zacatecano. Eusebio le dice que intente la novela, que es fácil, que escriba varios cuentos y que luego una ambientes y personajes… La charla continúa mientras se degusta la comida. A veces sólo está Víctor Roura y la charla se vuelve divertidísima y culta, porque estos dos hombres saben muchas cosas. Víctor cuenta unos chiste cuya risa dura más de media hora y la cortesía de Eusebio se vuelve una gran metáfora en su boca, nuestra mejor aportación ante ellos siempre será el silencio para escucharlo y disfrutar su amistad. Yo lo he acompañado a sitios culturales de rompe y rasga, de nombres oscuros y grises. El trago es bueno y lo mejor de todas estas situaciones es que siempre hay mujeres hermosas e inteligentes que andan con nosotros. Sí, Eusebio siempre se ha inclinado por disfrutar a sus amigos y amigas en petit comité; es decir, más vale pocos que mal acompañados.

RUVALCABA Y SUS TANTOS QUEHACERES

Estamos de repente en el Museo Diego Rivera, celebrando a Rolando Rosas Galicia con un fuerte abrazo, una nueva edición de su Caballo viejo, ese poemario que tantas ilusiones ha construido. Ahí están los finos y certeros comentarios de Eusebio, que se congratula de compartir la mesa con Gildardo Montoya, Ignacio Trejo Fuentes, Moisés Zurita y Eddy Tenis Boy. Todos celebran en público y en la cantina de siempre los grandes poemas de Rolando y escribo que son grandes porque de veras que nos iluminan el corazón. En otra ocasión estamos en la Pinacoteca Virreinal, se trata del libro Aires de Blues de Antonio, cuate de Nezayork que buscó a Eusebio y a un servidor para lanzarse al ruedo de las publicaciones. Al final de las presentaciones nos obsequian un apretón de manos como pago y un libro de arte. No falta la admiradora que le pide al maestro Ruvalcaba  mirar su regalo. Él, como siempre muestra su enorme gesto de caballero, y le entrega en cortesía y para siempre el libro que la dama quería revisar. En otra ocasión llego a las oficinas de Ediciones Castillo en la ciudad de México. Me asomó a la salita de recepción y veo al amigo, está sentado en una de las sillitas muy concentrado en la lectura de un libro. Así que me acomodo sin perturbar al gran lector que es, aparecimos juntos en la antología Todos los niños que compiló Lorenzo León Diez y nos van a pagar mil pesitos que para mi temporada de vacas flacas son muy buenos. De repente sale la secretaria que nos entregará el cheque y Eusebio cierra su libro, me ve, alza los brazos y me dice, maestro, por qué no me saludaste al llegar. No quería interrumpir, alcanzo a balbucear. Los verdaderos amigos nunca interrumpen, concluye esa tarde con el abrazo fuertísimo y salimos felices, con un cheque en las bolsas y alegres porque muy cerca se encuentra La Nacional. Y así, una y otra faena. Trabajo es una palabra a la que este escritor siempre le rinde honores

Eusebio y la Estrella del oriente

Ruvalcaba es una estrella literaria que brilla gracias a sus lectores. En el oriente del estado de México se le quiere igual que en cualquier otra parte. Cuando ganó el premio de Novela Agustín Yañez con su Un hilito de sangre los jóvenes de toda la república mexicana se volcaron hacia ella. Prosa ágil y entretenida. Y un sentido del humor oculto pero muy sano, además de una odisea que muchos quisimos emprender siendo adolescentes. Después de ahí, varios premios en su haber, todos merecidísimos. Y el oficio de la buena escritura, ya sea a lado de Emiliano Pérez Cruz, en El economista y en el Ovaciones o junto a Víctor Roura en El financiero y en La digna metáfora. Corrector impecable y puntual, me aclara Roura cuando salimos a la cantina más cercana, quien nunca llega tarde ni deja sus planas al garete.. Pero decía que en Texcoco y Chapingo tiene una legión de seguidores porque entre los jóvenes circulan varios libros que Molino de letras le ha puesto en sus manos. Prosas fuertes y personajes serios, historias completas y de altura literaria, bien editadas y casi regaladas a los lectores del lejano oriente. Sangre de mujer es una novela que gusta más a las lectoras que a los alumnos, nadie se asusta porque saben que los dolores de la vida no vienen siempre en dosis pequeñas. También gracias a Moisés Zurita tiene su sección “Las garlopas” en la revista y ofrece ese espacio a los nuevos escritores, jóvenes o adultos, pero con talento y compromiso a la escritura. Desde luego, sus visitas pasan por los auditorias de la Universidad Autónoma Chapingo, por el Pikas I y II, por algún cafecito cultural o bien, por la casa del poeta Rolando Rosas. En fin, Eusebio es una estrella reluciente del oriente mexiquense, donde se le edita, se le lee, se le invita cuantas veces puede acompañarnos y, al final de cuentas, se le quiere bien.

                                                                         San Vicente Chicoloapan, Estado de México.
Enero 30 de 2017

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Nació en Palmillas, Tamaulipas, en 1962. Es Profesor Investigador de la UACh y director de la Cofradía de Coyotes. Obtuvo el Premio de Testimonio y el Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen, además de la Presea Estado de México 2004, “Sor Juana Inés de la Cruz” en Artes y Letras, por el conjunto de su obra literaria. Su publicación más reciente aparece en Amores Chapingueros (crónicas) de Rolando Rosas, Moisés Zurita y Arturo Trejo Villafuerte