Un amor imposible

0
423

Esta hermosa y trágica historia tiene su origen en la Escuela Nacional Preparatoria “Pedro de Alba”. Aquella tarde cuando te vi por primera vez, tenías tus sexis labios pintados de rojo, rímel en las pestañas y tus mejillas eran sonrosadas, por la agitación de subir tantas escaleras. Tardaste unos cuantos minutos para recuperar el aire y entrar al salón.

Cuando te presentaste, tú voz me parecía una melodía, dijiste que te encantaba leer, salir de viaje, bailar y comer chocolate hasta que te doliera el estómago.

Sin saberlo desde ese día te volviste el centro de mi universo, todos mis pensamientos te pertenecían, los sábados y domingos se volvieron insoportables porque eran los únicos días que no podía verte. Sólo me bastaba con mirarte, no necesitaba que me dirigieras la palabra. Tu existencia me hacía la persona más feliz del mundo.

Todos los días me decía a mí mismo que te invitaría a tomar café o a dar una vuelta, pero no me di cuenta que los días se convirtieron en semanas y las semanas en meses hasta que se terminó el ciclo escolar.

En fin, en todo el año no reuní el valor suficiente ni para un “hola”. Me dije a mí mismo: será el próximo ciclo escolar.

Sufrí cada instante de las vacaciones, se me hicieron una eternidad, cuando por fin regresamos me enteré que no estábamos en el mismo grupo. Casi me desmayo por semejante noticia, tuve que mentir que no podía asistir en el horario que me tocaba, porque estaba cuidando a mi abuelita y tenía que darle su medicamento a cierta hora. Creo que no me creyeron, pero al ver que suplicaba y suplicaba accedieron ponerme en tu grupo.

Era uno nuevo, todos éramos desconocidos. Así que utilicé una táctica que me había funcionado el año anterior; platicar con los demás hombres  para averiguar si le gustabas a alguien. Cuando ellos me preguntaban, yo contestaba es fea, y además tiene novio, era una forma eficaz de averiguar si tenía competencia y alejarlos de ti.

A la semana siguiente me tocó reunirme en equipo y ahí conocí a mis primeros amigos, en especial a uno que se llamaba Emilio, me había dicho lo mismo que todos, que no le llamabas la atención y que eras fea. Así se convirtió en mi mejor amigo y sólo habían pasado dos semanas cuando el muy maldito, de la nada, decidió declararte su “amor”, sentí ganas de vomitar cuando te dio un beso. Me fui enojado a mi casa y comencé a escribirle un mensaje en Facebook diciéndole groserías y reclamándole que era un traidor, cuando envié mi mensaje me di cuenta que el destinatario no era él, sino tú Miriam Rosalí Montiel.

¡Vaya forma de que una mujer se entere que sientes algo por ella!