0
241

Entonces, diablo, ¿acaso realmente me amas?

 

Porque te advierto que no habrás de decirlo, no sin una justificación a besos,

que me callen, que me aten a tu sombra y a tu pelo.

 

No habrás de elevarme en alas de Ícaro,

para caer frágil, tenue, golpeado por tus labios, por tus versos y tus ojos de asesino

que vulneran mis heridas, mis silencios, mis olvidos.

 

No me rompas en recuerdos, en pedazos,

en tus tímidas historias de caricias y fracasos,

en tu cama a tu lado, por debajo de la almohada, de tus sueños, de tus torpes y cálidos sueños.

 

Me desvelo, tú y tu insomnio, ambos vivos, ambos muertos, sin el uno y sin el otro.

Tan absurdos, tan ausentes…tan estando juntos, y sin embargo sin besos, sin motivos,

sin pretextos para olvidar al amor y de verdad amarnos.

 

No te atrevas, no te rompas, no te ignores. Sabes bien, diablo mío,

que yo no esperaré a que pase, a que llegues.

Sólo prometo un beso, un tibio y muy largo beso,

en que nos podríamos hundir hasta que caiga el aliento.

Compartir
Artículo anteriorPrólogo a Caracoles extraviados
Artículo siguienteMás allá de las fronteras
Egresada de la Licenciatura en derecho por Univer Milenium plantel Nezahualcoyotl, con grado de Maestra en Derecho procesal civil y juicio oral familiar por la Universidad Analítica y Constructivista de México, actualmente cursa la licenciatura en Comercialización internal por la Universidad ESCI plantel Balbuena con especialización en Trafico y tramitación aduanal. Es terapeuta ocupacional en medicina alternativa en un centro hospitalistico y trabaja en despacho jurídico y aduanal.