Reflexiones sobre un texto poético

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Gildardo Montoya

Cuando llega un libro a nuestras manos, es una experiencia. Cuando llega un libro de poesía, las manos se aligeran. Cuando llega un libro de poesía del poeta Gildardo Montoya Castro: la magia inunda la memoria y todo vuela, como ala en su aire.

Y del aire hablaremos, porque en este caso, todo se capta en ese momento sutil de la existencia, en que seguimos viviendo porque el aire nos inunda y nos hace existir. Quizás ésta sea la idea del poeta: darle al aire un poder, el poder de la ilusión que nos hace entender que la memoria y el viaje por el tiempo son los elementos que nos validan como entes creciendo en la conciencia de Ser

Montoya Castro nos ha enseñado el arte de retener esos instantes, ese recrearse en quienes fuimos desde el primer soplo del éter hasta el último viaje de los huesos. El papel de la poesía, por supuesto, es clavar el instante en la palabra y hacer al que lee, visualizar las formas, lo físico, la intención del espíritu en el momento en que suceden las cosas de la vida. Ser testigo de nuestras historias.

Lo visual nos ayuda a centrarnos, a buscar un lugar para disfrutar o llorar ese pasado que existe en nosotros, inquieto por salir y manifestarse. El poema desea ese momento y dibuja, entre el deseo y la voluntad, dónde quedó el momento cuando una cámara invisible retrató el sentimiento.

Todo esto que les digo cabe dentro de una filosofía poética o poesía filosófica, no por temática solamente, sino también por intención del poeta en plasmar una vida en la palabra a través de la memoria lineal del pasado. Algo serio en estos tiempos de física cuántica que te dice que cuando estás naciendo, ya mueres.

Mi intención ahora es acercarme, más íntimamente, al poeta amigo, el que me da una llave para entrar en la casa de las palabras.

Conozco la poesía de Gildardo Montoya Castro. Entendí que sus poemas emanaban una cadencia de memorias que giraban alrededor de un ritmo propio, sus palabras se detenían en el camino con un gesto peculiar: el verso esperaba el instante en que el poeta captaba su pasado en los éteres del tiempo y lo clavaba en los espacios del poema, en esos espacios donde el escenario de las palabras hablaba desde un lirismo opuesto a la realidad.

Sergio Pravaz, en el prólogo del libro, nos da una clara explicación del proceso verbal, del “brillo de algunas de las imágenes” de la fascinación que siente por el poeta, que en este libro encuentra la fórmula de llegar a nosotros. “Es el trabajo de los recuerdos” enfatiza Pravaz.

Conocía ya algunos de estos poemas en previas correspondencias, aunque ahora, en el contexto del libro, en la estructura que se acomoda dentro de esta Ebria ilusión del aire, encontramos una secuencia de lo que formó y deformó al poeta.  Hay temas silenciosos que dejan entrever descubrimientos con surcos y temas obvios como la muerte. Este último es un tema esencial en su poesía. Diluirse es un acto pecaminoso para la poesía, y Montoya Castro lucha contra esta melancolía que lo aleja de la ilusión que le permite seguir viviendo. Cada muerte familiar es su muerte. Cada muerte mata la ilusión de la vida, más bien, se la hace interpretar diferente.

No ha sido mi intensión analizar los poemas pero sí entregarles la posibilidad para llegar a sus imágenes. Es el lector el que debe atreverse ante esta voz que les entrega gritos y silencios con suma elegancia. Su crecimiento a través de un lirismo de sensibilidad especial.

De ahí que comparto este texto poético del libro (mi poema favorito) como forma de dejar una fl echa que indique un camino hacia el centro de esta poesía que tiene mucho que decir:

Pájaros de la mar
¿Cuándo volveré a mirarnos desnudos padre
para desatar aquel vuelo de los pájaros?
Ninguna metáfora. Voy de tu mano, olas
rugiendo
en la playa primera y nuestra desnudez aún
sin
oler el miedo, eso recuerdo.

 

Ebria ilusión del aire. Gildardo Montoya Castro.
(Universidad Autónoma Chapingo,  2016).

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Nació en Cuba en 1947. Obra poética: Sola desuda sin nombre (New York: Mensaje, 1974), Sombras-papel (Barcelona: Rondas, 1978); Altazora acompañando a Vicente (Madrid: Betania, 1989); Merla (Madrid: Betania, 1991); Lifting the tempest at breakfast, libro en la red (www.1stBooks.com); Premios: Carabela de Plata de Barcelona por su poema “Palabras del ave”, 1978; de Poesía latina 1993 otorgado a su libro Merla, por el Instituto de Escritores Latinoamericanos de Nueva York.