¿Por qué debe corregir el Dr. Ocampo?

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Moisés Zurita Zafra[i]

Esta mañana me recibieron en la entrada de la Universidad Autónoma Chapingo con un volante que firma el Dr. Jorge Gustavo Ocampo Ledesma, profesor de la universidad y líder histórico de la familia sindical; aunque tiene fecha del 22 de marzo, creo que es importante reflexionar sobre sus aseveraciones.

Necesitamos un debate sobre los diferentes modelos de Universidad que están en juego, me sumo a la discusión y planteamiento de ideas sobre los problemas universitarios y las alternativas; somos diversos, tenemos puntos de vista a veces encontrados, pero sólo con ideas y planteamientos es como saldrá nuestra muy noble institución de la crisis que se avecina.

Es evidente el deseo colectivo de que nuestra universidad se desarrolle, que tenga nuevas carreras, que la vinculación sea permanente en mayor medida con las comunidades marginadas: campesinas e indígenas; pero también con las comunidades que puedan aplicar la agricultura urbana y nuevas formas de reverdecer los espacios públicos; la coincidencia es total si queremos mejores condiciones de estudio y prácticas.

Sin embargo, las diferencias son profundas cuando el maestro Ocampo dice que en estos “seis años la universidad ha perdido rumbo”, al afirmar que el Dr. Carlos Villaseñor padecía una “enfermedad”, su solicitud de que el rector debe salir, llega al menos cuatro años tarde, si no es que seis; un Rector enfermo no debe estar en funciones, pero el maestro Ocampo, conociendo esta enfermedad, no pidió su salida; porque era un rector a modo de los grupos de poder en la Universidad, a saber: reyista-antorcha-familia.

El rector actual, hasta donde sabemos, no está enfermo; pero si lo estuviera sin duda debería dejar el cargo.

Difiero con el maestro Ocampo cuando señala que el porcentaje de votos con que ganó el rector actual “anticipaba situaciones difíciles”, las situaciones difíciles se deben a una lucha descarnada por el poder; a no ser que se piense que un rector podrá obtener, por ejemplo, el 50% del padrón electoral, deseo casi imposible si consideramos que en algunas elecciones los votantes apenas representan poco más del 50%.

Sin aclarar cuáles son los perfiles necesarios para ser director o directora, es decir funcionarios; la descalificación de Ocampo es lapidaria, “fueron incapaces de actuar como dirección”; desde luego que hemos tenido funcionarios que están fuera del perfil, es curioso que fuera más evidente en la administración anterior.

Aunque el rector decidió sustituir a tres de cinco directores generales -decisión única del rector-, el maestro Ocampo omite decir que en el Consejo Universitario se votó no ratificarlos; con un orden del día de la sesión impreciso. Para esa sesión ya estaban los votos dados, algunos tuvieron costo, a la larga muy altos.

Comparto con el maestro Ocampo la necesidad de elaborar un “programa de trabajo ambicioso”, que debemos cumplir con “honestidad y empeño las tareas”; pero no es por la vía de la incertidumbre.

En el caso de que el rector se vaya, como propone el maestro Ocampo, la alianza de poder reyista-antorcha-familia impondrán, por la fuerza de los votos y no del bien universitario, a un rector interino de sus filas; ya lo hicieron el 2015.

¿Por dónde empezar?, por la realización de un Congreso General Universitario que proponga soluciones a los grandes problemas de Chapingo.

Es claro a estas alturas que quitar a un rector y poner a otro no es la solución, si consideramos ciertas las aseveraciones del maestro Ocampo -que nos pasamos cuatro años sin rector por una “enfermedad”-; debemos proponer las iniciativas que puedan hacer de esta muy noble institución una universidad donde todas las opiniones sean escuchadas, donde a todos se nos trate con equidad, si estamos de acuerdo en plebiscitar al segundo año a cada rector que quede establecido como regla y que no sea un arma para golpear a los que piensan diferente.

   

[i] Profesor-investigador del Área de Humanidades, Universidad Autónoma Chapingo.