Cazafantasmas

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Cazar fantasmas requiere de un método preciso; hasta este momento, no he atrapado ninguno. He puesto dulces debajo de mi cama y al otro día ya no están porque los fantasmas se los han comido. He invitado a mis primos a mi casa y juntos hemos buscado, pero tampoco los hemos visto. Papá dice que es cuestión de tiempo, mamá cree que sólo se requiere paciencia.

Anoche entró una pequeña lucecita por la ventana de mi cuarto e inmediatamente pensé que se trataba de un fantasma. Me preparé con mi equipo de cacería para atrapar la pequeña luz. Debo confesar que fue una tarea difícil pero al final la atrapé. La coloqué cuidadosamente en un frasco y corrí a informar a mi papá. ¡Qué susto se llevó cuando jalé las sábanas! Brincó como lo hacen los chapulines. Después me dijo que no era un fantasma sino una luciérnaga. Nunca había visto una y me pareció muy bonita pero sobre todo práctica. Tal decepción no me importó, opté por conservarla pues me pareció útil en mi cacería.

Todo el día he seleccionado cosas que considero útiles en mi cacería. Mamá piensa que tantos aparatos puede asustar a los fantasmas. Lo cierto es que estoy cansado de buscarlos. Creo que es más fácil y sobre todo más divertido cazar luciérnagas. Espero capturar más y las colocaré en un frasco, lo ataré a un palo de escoba e iré al mercado a venderlas como lámparas. La primera se la regalaré a mi abuelita pues le será de ayuda cuando vaya al baño por las noches, así no tropezará y no nos despertará. Sí, eso haré. Después de todo creo que mis primos tienen razón: los fantasmas no existen.

 

 

Ramón Gutiérrez Villavicencio

Estudiante de la Maestría en Literatura Mexicana Contemporánea de la UAM Azcapotzalco.

 

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