La Lolita de mis ojos y otras pequeñas historias

9956
69171

La Mangana

La Mangana es quizá la última pulquería que sigue existiendo en Tláhuac, en el sur de la Ciudad de México. Tiene baños para mujeres y para hombres, prueba de los nuevos tiempos (en algún momento fue un espacio exclusivo para hombres). Dos mesas tienen letreros, en una se lee “El escuadrón de la muerte”, hay otra ocupada por varios venerables de cabello blanco que dice, “Club de los pájaros caídos”.

El molinero

Ser molinero no era fácil, había que levantarse a las tres de la mañana, prender la máquina y sacar los residuos agrios que se quedaban del día anterior. A veces tenía que consolar a la mujer que el marido borracho había golpeado. Bajaba la cortina y ella cambiaba los sollozos, el maíz cocido con cal, por el placer de la masa, moldeable, suave, que se extendía en el comal de barro sobre brazas rojas y amarillas.

Las mujeres ya no van al molino, ya hay tortillería en el pueblo.

La magnífica

La abuela se sabía de memoria la magnífica, que es un rezo a la virgen. Hay que rezarla en momentos difíciles como cuando se perdió la yunta alquilada. Los toros regresaron con pedazos de cuerda en el cuello, desde ese día, la abuela metía a la yunta en su cocina para que durmiera. Más seguro… -decía.

Matrimonio breve

Ella y él eran de pueblos vecinos y enemigos, décadas atrás hubo muertos en ambos bandos. Aún ahora, los más viejos se siguen considerando enemigos. Se conocieron en los campos agrícolas de Estados Unidos y se casaron. Él tuvo un accidente y murió cuando su hijo tenía un par de meses. Lo trasladaron a su pueblo, una banda de viento acompaño al ataúd, ella caminaba junto a su esposo. Su mamá iba a su lado, todas las miradas caían sobre ellas.

Los güeros son los malos

Nosotros vivimos en el monte, hay mucho espacio, se pueden criar gallinas y otros animalitos, y sembramos maíz y verdura. En esta tierra hay muchos alacranes, levanta uno una piedra y segurito que encuentra uno. A todos nos han picado, al único que no le hacen nada es a mi marido. El que me dio un susto fue mi hijo Jesús, hace dos años, cuando tenía seis. ¡Alguien me pellizcó! -dijo, y comenzó a llorar. Que levanto las cobijas y allí estaba el alacrán, le picó en el pie, lo bueno es que ya estaba amaneciendo, que lo llevamos luego luego a la clínica, cuando llegamos, ya iba desmayado, y luego que no tenían suero, que lo suben a una ambulancia y ahí vamos para Acámbaro. Antes de llegar nos hizo la parada una doctora, habían radiado que llevaban a un niño muy grave. Que le pone dos inyecciones, el muchachito echaba espuma por la boca. Hay alacranes negros y güeros, con los negros, donde pica se entume, pero los güeros esos son los malos, se cierra la garganta y ya no puede uno respirar. Por eso cada año fumigamos una o dos veces. Cuando llegamos a la clínica de Jerécuaro, la doctora le puso otro suero y al poco ratito que despierta Jesús, y que dice, -tengo hambre mamá-, señal de que ya estaba bien.

El idioma para enamorar

Ella es delgada y de piel clara, nació en Cuba, desde los tres años vive en los Estados Unidos. Se casó, tuvo hijos y nietos, enviudó, se jubiló. Su mamá decía que el inglés es el idioma de los negocios y el español el idioma para enamorar y hablar con Dios. Desde que murió su mamá casi no habla español, pero cuando puede dice con acento caribeño, -¡Soy cubana, chicoooo!

Ella ya no fuma

Ella es del norte de Sudamérlca. Se quitó el vicio del cigarro, pero el de la coca, ¡ah, cómo le ha costado!, y es que en cada esquina hay una tienda con un refrigerador rojo que le ofrece la felicidad.

Soy tuya

Soy tuya dijo ella, -¿Me das la factura?, dijo él.

La Misión

Estábamos equivocados, éramos jóvenes, soberbios, engreídos, quien no pensara como nosotros estaba mal. No sabíamos quién era Ennio Morricone (hizo la música de las películas Cinema Paradiso, El bueno, el malo y el feo, entre muchas). Pensábamos que era una necedad que Robert de Niro cargara ese inútil montón de fierros envueltos en una red y tratara de subir a un lado de las cataratas. La Misión es una película clásica con Robert De Niro. Él era traficante de esclavos en la selva amazónica, cuando regresó de uno de sus viajes se enteró que su hermano joven había estado en la cama con su mujer, lo retó a duelo, lo mató. Luego, la culpa. No era cualquier cosa.

En el fondo criticábamos la enajenación, el sometimiento, de cualquier manera no éramos tolerantes.

En el Auditorio Esmeralda de la Universidad se proyectaba La Misión, promovida por la Comunidad Cristiana de Chapingo, nos asomamos a la película y gritamos, ¡ah, no mamen! Y nos fuimos haciendo ruido para molestar a los cristianos cinéfi los. Muchos años después la vi; la música es hermosa y el contenido es diferente al que yo creía cuando era joven, es hasta revolucionaria.

Ofelia

Él y Ofelia siempre se sentaban juntos y andaban de un lado para otro en la prepa y en los primeros años de universidad. El abandonó la escuela, se casó. Un día su esposa y él tomaron un taxi, el chofer se hizo de palabras con unos rufianes de otro carro, en un alto se bajaron y comenzaron los golpes. En el momento que él quiso salir del taxi, lo golpearon en la cabeza y estuvo en coma varios días. Cuando despertó, preguntó ¿Quién es esa señorita? Le dijeron que era su esposa, él dijo que no, que su esposa era Ofelia.

La Lolita de mis ojos

Quizá ya he tocado fondo, pensó. En menos de seis meses lo habían abandonado dos veces. Poco después de que se fue A, apareció B, quien estudiaba Artes Escénicas en Bellas Artes y había nacido cuando él egresó de la universidad. Ella lo hacía reír, sobre todo cuando le decía que lo quería. A veces la llevaba a la universidad y le daba un beso en la mejilla y casi quería echarle su bendición, y decirle, eres la Lolita de mis ojos. Eran amigos que se querían y se acompañaban. Un día ella le dijo que ya tenía novio y se fue. El no tenía trabajo, había intentado varias cosas, vender lencería por catálogo, ofrecer sus servicios de traductor de portugués, vender mármol y tierra de monte, pero nada se concretaba. ¿Ya habré tocado fondo? Un día ella le escribió sus razones, le dijo que por más que esperaba, él no se ofrecía de cuerpo completo, no se entregaba, no cubría las expectativas que ella tenía. Él le respondió que sólo tenía agradecimiento y una sonrisa por la historia vivida, agradable e inesperada. Le dijo que aunque la extrañaba, deseaba más que ella fuera feliz como una lombriz.

Querétaro, Qro. Febrero, 2016.

Andrés Zurita Zafra.

Ingeniero agrónomo egresado de la UACh, trabaja en Querétaro

9956 COMENTARIOS